jueves, 1 de octubre de 2015

Homenaje a nuestra querida Carmen Basualto

Queremos recordar a nuestra querida amiga y colega Carmen Basualto, a modo de homenaje y gratitud por su entusiasmo y dedicación en el trabajo compartido en la causa psicoanalítica,  publicando algunos de sus textos.
Podrán leer Síntoma: binario sentido-goce donde nos introduce desde las Conferencias de Freud hasta las consideraciones de la última enseñanza de Lacan del síntoma como función.
A continuación un trabajo presentado en dos partes: ¿Duelo, depresión, melancolía? en el que nos acerca a partir de su recorrido y al modo de la disciplina del comentario de fragmentos de Televisión de Jacques Lacan, sus aproximaciones a lo que implica   la ética del deseo en psicoanálisis.
Ambos trabajos están publicados en Huellas, Revista de Psicoanálisis de la Biblioteca de Psicoanálisis de San Luis Eugenia Sokolnicka, institución en la que Carmen participó conjuntamente a su pertenencia a la Comisión Directiva del CID San Luis en la que se desempeñó como docente y secretaria de finanzas.
Nuestros más cercanos recuerdos  de su trabajo preciso y alegre  nos remontan a  las reuniones de la Comisión Organizadora de las Primeras Jornadas Regionales del Nuevo Cuyo del IOM2 que allá por el 2012 y 2013 se realizaron sistemáticamente en su consultorio, en el que nos recibió como cálida anfitriona una y otra vez.
Les acercamos sus textos con un gracias y hasta siempre Carmen!
San Luis, Octubre de 2015


SÍNTOMA: BINARIO SENTIDO - GOCE
Carmen Basualto

Trabajo presentado en el espacio de la Biblioteca “Diálogos”, en Julio de 2008 y publicado en HUELLAS, Revista de psicoanálisis de San Luis, Año VIII, Nro. 7, diciembre de 2008. Agradecemos a Celina Coen su colaboración para la publicación en el blog LACAN TONADA.


“Que los síntomas tienen un sentido y que sólo se interpretan correctamente – correctamente quiere decir que el sujeto deje caer alguno de sus cabos -  en función de sus primeras experiencias, a saber, en la medida en que encuentre lo que hoy llamaré, por no decir al respecto nada más y nada mejor, la realidad sexual” Conferencia de Ginebra. Lacan. 1975.
Este trabajo es un intento de sistematización acerca de la evolución del concepto de síntoma, concepto nuclear en la clínica. La referencia al síntoma como binario sentido-goce alude a la orientación que sigue tanto Freud como Lacan en su enseñanza.
“Conferencias de Introducción al psicoanálisis”. Freud. 1917.
En la obra de Freud, hay una dualidad en relación al concepto de síntoma, el binario sentido-goce se observa claramente en las Conferencias de introducción al psicoanálisis, básicamente en las conferencias 17: “El sentido de los síntomas” y 23: “Los caminos de formación de síntomas”.
Estas conferencias se llevan a cabo durante la primera guerra mundial y están destinadas a un público no erudito, de no analistas. Según Miller, la simplificación a la que Freud se vio obligado es lo que permite ver los fundamentos y los lineamientos de la teoría. En estas conferencias, no sólo hay una obligación de condensación sino también de continuidad lo cual hace surgir el problema de la articulación de los temas. Conferencia 17 “El sentido de los síntomas” es una aplicación de lo que se ha dicho de los sueños y los actos fallidos a los síntomas, por ende, los síntomas al igual que los sueños y los actos fallidos tienen un sentido que se puede interpretar. Enfatiza la vertiente del sentido, prácticamente no menciona el problema libidinal. “Los síntomas neuróticos tienen entonces su sentido, como las operaciones fallidas y los sueños, y al igual que estos, su nexo con la vida de las personas que los exhiben”.
Conferencia 23: “Los caminos de formación de síntomas”. Enfatiza la fijación libidinal, es decir, la fijación de goce. “Así el síntoma se engendra como un retoño del cumplimiento de deseo libidinoso inconsciente, desfigurado de manera múltiple, es una ambigüedad escogida ingeniosamente provista de dos significados que se contradicen por completo entre sí”.
“El síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia desfigurada por la censura que nace del conflicto, por regla general volcada a una sensación de sufrimiento y mezclada con elementos de la ocasión que llevó a contraer la enfermedad. La modalidad de satisfacción que el síntoma aporta tiene en sí mucho de extraño. Prescindamos de que es irreconocible para la persona que siente la presunta satisfacción más bien como un sufrimiento y como tal se queja de ella. Esta mudanza es parte del conflicto psíquico bajo cuya presión debió formarse el síntoma. Lo que otrora fue para el individuo una satisfacción está destinado, en verdad, a provocar hoy sus resistencias o su repugnancia”.
En las conferencias que separan a la 17 de la 23, Freud introduce lo pulsional, la libido, lo sexual. En esta etapa, trata de vincular las 2 vertientes de su obra: la vertiente del descubrimiento del inconsciente, de los fenómenos interpretables, y la vertiente del descubrimiento de la sexualidad infantil y de su carácter perverso.
En el Seminario de Barcelona, Miller lleva a cabo un análisis de la Conferencia 23 donde afirma que esta conferencia complementa la dimensión semántica del mensaje sintomático con su dimensión referencial, puede pensarse como un estudio de los modos de gozar. En relación al título, aclara que lo que camina es la libido, es porque camina que tiene sentido el concepto de fijación. Un camino posible es la llegada al síntoma, otro es llegar a la obra de arte. La libido se puede sublimar o sintomatizar. Los rodeos son los caminos de formación de síntomas.
Algunas otras puntuaciones a tener en cuenta son: La libido está bloqueada en su búsqueda de satisfacción, se escapa de la actualidad hacia el pasado, ya sea, un pasado fantasmático o el de un estado anterior de la libido. El camino regresivo lleva a las vivencias sexuales infantiles.
Existe una oposición entre la fenomenología y la verdad de los síntomas, la primera impone la presencia de sufrimiento y en la segunda reside la satisfacción libidinal que el síntoma da al sujeto.
La creación, el arte pueden pensarse como una inversión del camino sintomático: hay un retorno a la realidad en tanto que el artista produce obras que toman su lugar en dicha realidad externa. En la obra de Lacan, podemos encontrar también dos conceptos de síntoma: síntoma como mensaje y síntoma como goce. En la primera concepción, el síntoma es pensado como un mensaje a descifrar como todas las formaciones del inconsciente. Es una mirada optimista en relación a la cura con su influjo sobre el síntoma, pensaba que la interpretación deshacía el síntoma.
El síntoma es entendido según el concepto Freudiano de retorno de lo reprimido por lo cual opera la estructura de la metáfora donde un significante sustituye a otro en la producción de significación y, en último término el nombre del padre y la metáfora paterna aseguran la significación fálica. Es decir, un síntoma que corresponde a los registros de lo imaginario y simbólico.
La interpretación está entendida como el proceso inverso de la represión. La cura muestra que los síntomas son resistentes a la interpretación, se transforman pero no se destruyen.
Miller señala también que los cambios de concepto de síntoma de Lacan corresponden a virajes en su enseñanza: a esta primera concepción de síntoma como sentido corresponde a las etapas de Lacan de la dialéctica y del Lacan estructuralista. El concepto de síntoma está íntimamente ligado a los conceptos de sujeto y de cura. En el Lacan de la dialéctica hay un predominio de lo imaginario, cobra valor el concepto de implicación subjetiva, el sujeto siente al síntoma como egodistónico y comienza análisis. Sujeto como subjetividad.
El concepto de cura se piensa a través de la dialéctica con el otro, tiene que ver con la posibilidad de tomar la palabra. Concepción dialéctica basada en el arte de la verdad a develar, se tiende al reconocimiento del deseo a través de la palabra. La búsqueda de sentido se va a orientar a lo simbólico mediante el concepto de palabra plena, creyendo en la palabra como mediadora en la relación feroz del sujeto con su imagen especular, el sentido está referido a la ferocidad materna y al falo imaginario. En el Lacan estructuralista hay predominio de lo simbólico. Las nociones de sujeto y de cura son diferentes. La concepción de sujeto surge de la estructura significante, es presentado como vacío, como el intervalo entre los significantes: se define como un significante que falta, se manifiesta a partir de la discontinuidad de la cadena significante. Ya no hay un sujeto que se dirige a otro sujeto, se trata de un significante que se dirige a otro significante. No llegamos al sujeto solo a los significantes, el sujeto esta alienado en la cadena significante y es efecto de ella. El sentido se refiere al significante, limitando la ferocidad especular y materna.
En la segunda concepción, el síntoma es pensado como condensación de goce. Este es un concepto anticipado en distintos momentos de la obra de Lacan por ejemplo en el Seminario 10, cuando plantea la oposición entre síntoma y acting out, señala que el síntoma a diferencia del acting, no llama a la interpretación por sí mismo, es necesario que se sumerja en la trasferencia para volverse susceptible de interpretación, es decir que considera que el síntoma como formación del inconsciente es una elaboración secundaria y contingente. Hay un núcleo primario del síntoma cuya satisfacción opera fuera de la articulación significante y de la significación, es decir, ajeno al saber inconsciente, un significante que no produce significado, sino goce. Suprime la referencia al Otro, los significantes no hacen cadena, hay una sucesión de S1 sin que ninguno de ellos funcione como S2 para el anterior; no está el efecto de significación de la palabra.
Para Freud, el conflicto es esencial al punto que define al síntoma como formación de compromiso entre fuerzas opuestas. Miller piensa que para Lacan se trata, en las últimas etapas de su enseñanza, de aprender a pensar el síntoma sin conflicto a pesar del sufrimiento y de privilegiar lo real de la satisfacción. La clínica de los nudos es una clínica sin conflicto, es una clínica del anudamiento y no de la oposición, una clínica de los arreglos que permiten la satisfacción y que conducen al goce. Hay dificultad pero no hay conflicto. No se trata en esta clínica de resolver el conflicto como en Freud sino de obtener un nuevo arreglo de funcionamiento más o menos costoso para el sujeto.
En el Seminario “Formas y usos del síntoma”, Miller piensa la articulación sentido-goce tema de este trabajo, a partir de las operaciones de Lacan, lo que implica un recorrido estructural de su obra. Las 5 operaciones a las que alude son: separar, articular, deducir, producir, anudar.
Separar: en “Función y campo de la palabra y el lenguaje”, Lacan enfatiza el sentido en la práctica psicoanalítica, el sentido en el inconsciente, el sentido en el síntoma. Esta primera elaboración desemboca en el esquema Landa en el cual se opone lo simbólico a lo imaginario.
El sentido se ubica en el eje simbólico; (S-A) el sentido necesita el símbolo, el significante y el Otro como interlocutor o como lugar de la estructura del lenguaje. Al eje simbólico se opone la pareja imaginaria (a-a`) que viene del estadio del espejo. Lacan considera que la libido freudiana circula en el eje imaginario en tanto que es fundamentalmente narcisista. Separa sentido y goce con la orientación de ir de lo imaginario a lo simbólico.
El síntoma se ubica en lo simbólico, aparece como un sentido reprimido, como un enigma. Se manifiesta soportado por un significante cuyo significado esta reprimido.
Articular: retoma el eje simbólico de una manera más compleja, con la inclusión del efecto de retroacción. En el grafo presenta en una misma forma conceptual el circuito de la palabra y el circuito de la libido. El síntoma se ubica como efecto de significado del Otro, como un efecto especial del significado del Otro, ya que, el fantasma incide en la formación de síntoma. El circuito pulsional está articulado al circuito semántico.
Deducir: el esquema de alienación y separación de Lacan presente en el Seminario 11, es la nueva forma del eje simbólico. El goce se deduce a partir del sentido, el goce (a) complementa necesariamente el efecto de sentido. Primero hay un significante y sentido (alienación) y en un segundo tiempo hay más de goce (separación).
Producir: En el seminario 17, Lacan trabaja los 4 discursos. A partir del aparato del sentido (discurso amo) la producción de más de goce. El objeto a se define como plus de goce.
Anudar: se trata de equiparar, identificar sentido y goce. Sentido gozado. En lo que hace a las operaciones: articular, deducir y producir, el esfuerzo de Lacan está fundado sobre la doble vertiente sentido – goce y sobre el camino que va del sentido a algo más del sentido. En la última operación anudar, introduce el sentido gozado porque pone en cuestión el objeto a, planteando que el objeto a es la parte elaborada, fantasmática del goce, por ende, el objeto a es un falso real.
En relación a las últimas elaboraciones sobre el síntoma, me voy a referir al concepto de síntoma como función. La noción de función está muy desarrollada en el Lacan – en el Seminario 11 trabaja los conceptos fundamentales como función - ; en sus últimos seminarios ubica el termino función en relación al síntoma. En RSI plantea una definición de síntoma en relación al inconsciente y a lo real como función. Miller introduce una diferencia entre el síntoma como formación del  inconsciente y el síntoma como función, relacionado a la envoltura formal del síntoma. Hay una envoltura formal del síntoma y no de los síntomas. Formaciones del inconsciente: sueños, chistes, lapsus, actos fallidos y los síntomas que tienen en común ser elaboraciones del inconsciente, formaciones a las que se les puede encontrar un sentido, se las puede entonces interpretar y son evanescentes o se pueden levantar. Se marca el plural de los síntomas para jugar con la idea de los síntomas como envoltura formal del síntoma, y para situar en qué sentido se puede ubicar a los síntomas como función del inconsciente.
El síntoma escapa a la noción de formaciones del inconsciente, no es evanescente, dura en el tiempo, es resistente a que se le otorgue sentido. El síntoma no es formación, sino función del inconsciente porque es una función que trasporta una formación del inconsciente a lo real. Esto es correlativo a la definición de la práctica analítica como un tratamiento de lo real por lo simbólico. Lacan propone que el sentido se obtiene del empalme de lo imaginario con el saber inconsciente. Son necesarias las  palabras pero también es necesario saber tomar prestado del cuerpo sus contenidos. Así lo imaginario y simbólico se reúnen para producir sentido y el saber inconsciente queda prestado como simbólico. En “De los síntomas al síntoma”, Mónica Torres trabaja la función del síntoma planteando que de las formaciones del inconsciente incluidos los síntomas, se puede llegar a un punto reducido, el síntoma, pero aún en ése que es denominador común de todas las formaciones todavía puede estar convocado el sentido, es síntoma como marca del acontecimiento traumático del encuentro de lo simbólico y lo real del goce. Hay que ubicar el pasaje de una marca que representa a todas las formaciones del inconsciente a una marca que es sólo captación de goce. En este sentido, el psicoanálisis es una “operación de reducción”, lo cual no implica sólo producto que surge al separarse el sentido del goce.
La reducción muestra la captación de goce por estar totalmente separado de los efectos de sentido. Sólo se ubica ese síntoma real a través de la función síntoma, haciendo emerger primero al sujeto del inconsciente lo cual implica pasar por el sentido. “En la práctica analítica es por el sentido que ustedes operan en tanto lo reducen, puesto que siempre operan ustedes por el equívoco. Estoy hablando a los que aquí son dignos del nombre analistas”. RSI. La función del síntoma es la que permite una operación que, entramada con el equívoco, lleva a lo real, trasporta un elemento que se escribe como idéntico a sí mismo, es decir, un elemento que juega como real porque se ha vaciado de sentido y por eso se escribe. Es a esto a lo que Lacan llama letra.
En esta época, Lacan ubica el equívoco en lo simbólico como base diferenciada del sentido, el equívoco no es el sentido, es fundamentalmente simbólico, es aquello en que se sostiene el inconsciente, el sentido es aquello por lo cual responde algo que es otra cosa que lo simbólico y que es lo imaginario (sentido entre lo imaginario y lo simbólico).
“Si hubiera una dimensión del inconsciente real, éste haría referencia a lo que está por fuera del sentido, por fuera de la interpretación y por fuera de lo analizable. La una equivocación, el tropiezo, el error son modos de nombrar a esta dimensión del inconsciente. Es también el lapsus sin su finalidad significante, sin su intencionalidad. Y es también lo que Lacan llama, en otra ocasión, el goce opaco, opaco justamente por excluir sentido”. Silvia Salman, en “Coloquio-Seminario sobre el Seminario 23”.

Bibliografía
“Conferencias de introducción al psicoanálisis”. 17 y 23. S. Freud.
“Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”. J. Lacan.
“Seminario RSI”. J. Lacan.
“Lo que hace insignia”. J.-A. Miller.
“Seminario de Barcelona”. J.-A. Miller.
“Coloquio-Seminario sobre el Seminario 23 de Lacan. El sinthome”. EOL.


¿DUELO, DEPRESIÓN, MELANCOLÍA?
Carmen Basualto[1]
“Freud y Lacan, cada uno a su manera, proponen que la depresión es otra cosa: abriendo un margen para la “interpretación” pudiendo así desplegarse la acción del Psicoanalista”.
“Ihre Klagen sind Anklagen”. Roberto Mazzuca

En el ingreso del ser viviente a la humanización, hay siempre una pérdida (a) lo cual implica el advenimiento de un sujeto barrado, marcado desde siempre y para siempre por  una falta.
La gran mayoría de los pacientes llegan al consultorio hablando de sus pérdidas, no es en vano que Marie-Helene Brousse en su texto “La Depresión como cobardía moral” afirme: “Casi me parece que la depresión es el nombre, o uno de los nombres actuales, del malestar de hoy en la cultura”.
Decía que los sujetos se presentan hablando de sus pérdidas, cada uno desde su singularidad: a través de sus quejas, sus acusaciones, sus autorreproches o simplemente mostrando su dolor.
Pérdidas estas de índoles distintas: de personas amadas por muerte o alejamiento, de posición económica, de ideales, de lo que se soñó ser y no se fue, de consistencia por vacilación imaginaria, perdidas de esto y aquello.
¿Duelo, depresión, melancolía?, puntos en los que los senderos se bifurcan o “modo de relación que cada sujeto, cada uno en su singularidad, mantiene con la verdad”.
Las respuestas no son simples y las preguntas se multiplican en el uno a uno de casa caso.
El duelo es por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada, o de una abstracción que haga sus veces como la patria, la libertad, un ideal, etc. A raíz de idénticas influencias, en muchas personas se observa, en lugar de duelo, melancolía (y por eso sospechamos en ellas, una disposición enfermiza)”
En 1917, en “Duelo y Melancolía”, texto que impacta por su belleza literaria, Freud nos entrega una explicación de tipo económico que intenta esclarecer la naturaleza de la melancolía comparándola con un afecto normal: el duelo.
En lo que respecta a la relación del sujeto con el objeto perdido, punto clave de todo este trabajo, el autor concluye:
·                    En el duelo, el objeto perdido continúa en lo psíquico, mientras se realiza el deshacimiento de la libido.
·                    En la melancolía, el sujeto se identifica con el objeto y se produce el triunfo de este último; a la inversa en la manía, el yo triunfa sobre el objeto.
Freud ubica a la melancolía en serie con la esquizofrenia, ambas como afecciones narcisísticas.
Lacan rearticula los conceptos freudianos que definen al duelo en términos de relación de objeto, ya que, el objeto del duelo se encuentra en relación de identificación.
El trabajo de duelo se presenta primero como una satisfacción dada en los elementos significantes para hacer frente al agujero creado en la existencia, por la puesta en juego total de todo el sistema significante alrededor del mínimo duelo”
En el Seminario VI “El deseo y su interpretación” (1958 – 1959)  Lacan se pregunta: ¿Qué puede ser esta identificación del duelo? Y ¿Cuál es la función del duelo?, las respuestas solo pueden encontrarse teniendo en cuenta las categorías lacanianas de lo simbólico, imaginario y real.
Una pérdida intolerable al ser humano provoca un agujero en lo real y es ese el lugar donde se proyecta ese significante faltante, ese significante esencial, como tal, en la estructura del Otro, ese significante que no puede articularse a nivel del Otro, dado lo cual vienen a proyectarse en su lugar todas las imágenes por las cuales aparecen los fenómenos del duelo.
Tenemos aquí la distancia, la diferencia existente entre dos tipos de identificaciones imaginarias: 1- la identificación con él a: i(a), imagen especular: 2- otra identificación más misteriosa y cuyo enigma comienza entonces a ser desarrollado con otra cosa, el objeto, el objeto del deseo como tal…”
Las preguntas formuladas en el Seminario VI son retomadas en el Seminario X “La Angustia” (1962 – 1963). Lacan toma el punto del duelo y le da un viraje en función del sujeto como objeto causa del deseo del Otro.
En este texto, el autor habla de a como algo que ya no se tiene y que puede encontrarse por vía regresiva bajo forma de identificación.
En relación a la función del duelo, plantea que se está en duelo por personas para las cuales se cumplía, sin saberlo, la función de estar en el lugar de su falta. Lo que se da en el amor, es decir, lo que no se tiene, retorna y hay regresión y revelación de en qué cosa se ha faltado a la persona para representar su falta. “La función que teníamos, la de ser su falta, creemos poder traducirla ahora en que le hemos faltado, cuando justamente por eso éramos valiosos e indispensables para él”.
En el trabajo del duelo, el sujeto intenta restaurar el vínculo con el objeto fundamental, el objeto a, verdadero objeto de la relación.
Es en este punto, donde el autor divide aguas, planteando una diferencia básica entre el duelo por un lado y la melancolía y la manía por el otro.
Hace hincapié en la importancia de no confundir la función del objeto a con la función de i(a), punto clave del tema que me ocupa.
En el duelo, se trata del mantenimiento de los vínculos por donde el deseo está suspendido, es decir, no del objeto a en el nivel cuarto, sino de i(a) imagen especular.
En la melancolía y la manía, la relación es con el objeto a. En la melancolía, el sujeto se ubica en función de objeto a, en palabras de Freud: “La sombra del objeto cayó sobre el yo”; en la manía se pone en juego la no función de a, es decir, el sujeto ya no está castrado por ningún a.
Despedidas, pérdidas, abandonos, cercenamientos, duelos, palabras todas conocidas, cercanas, mías y tuyas, palabras de diccionario, palabras hechas carne, incrustadas en el cuerpo, dolorosas, necesarias, añejas y nuevas con lluvia y con sol, de día y de noche, ayer y hoy, compañeras, pequeñas y grandes, seguras e inciertas, ilusorias y reales, esperadas, rechazadas, siempre presentes.
Vida hecha de retazos, de partes de lo que fue y de lo que será,  de lo que fue y de lo que no fue, de lo soñado-ausente, de lo vivido-presente, alegrías y tristezas, miradas, caricias, nuevamente ausencias.
Vientos que arrasan, brisas que alejan, nostalgias, huellas borradas, deseo, sujeto, libra de carne.

Referencias bibliográficas
Freud, Sigmund: “Duelo y melancolía”. Obras completas
Lacan, Jaques: Seminario VI “El deseo y su interpretación”
                        Seminario X “La angustia”
Agüero Jorge y otros: “La depresión y el reverso de la psiquiatría



¿DUELO, DEPRESIÓN, MELANCOLÍA?  (Segunda parte)
Carmen Basualto[2]
“De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables”
La ciencia y la verdad, J. Lacan
En el número anterior de nuestra revista presenté un artículo denominado: ¿Duelo, depresión, melancolía?” en el que me preguntaba sobre estos temas intentando seguir algunos textos de Freud y de Lacan. La continuación de ese trabajo es un esfuerzo por leer algunas expresiones de Lacan vertidas en “Televisión” en 1973 – texto crucial para su teoría del afecto – expresiones cargadas de significación que intentaré esclarecer con la ayuda de otros autores tales como: Jacques Alain Miller, Eric Laurent y Marie- Helene Brousse.
Lacan dice en “Televisión” (pág. 107):
“Se califica por ejemplo a la tristeza de depresión cuando se le da el alma por soporte, o la tensión psicológica del filósofo Pierre Janet. Pero no es un estado del alma, es simplemente una falla moral como se expresaba Dante, incluso Spinoza: un pecado, lo que quiere decir una cobardía moral, que no cae en última instancia más que del pensamiento, o sea, del deber del bien decir o de reconocerse en el inconsciente, en la estructura”. “No hay ética más que del bien decir”…
“Y lo que resulta por poco que esta cobardía, de ser desecho del inconsciente, vaya a la psicosis, es el retorno en lo real de lo que es rechazado del lenguaje-, es por la excitación maníaca que ese retorno se hace mortal”.
“Lo opuesto a la tristeza, el gay saber, el cual es una virtud. Una virtud no absuelve a nadie del pecado – original, como todos saben-. La virtud de manifestar en que consiste, que designo como gay saber, es su ejemplo: no se trata de comprender, de mordiscar en el sentido, sino de rasurarlo lo más que se pueda sin que haga liga para esa virtud, gozando del descifraje, lo que implica que el gay saber no produzca al final más que la caída, el retorno al pecado” “… saber más que del no-sentido”
En párrafos anteriores a los mencionados Lacan realiza algunas precisiones a destacar: se pregunta de dónde descarga el afecto y se responde que lo hace desde el pensamiento, refiriéndose inmediatamente después a su idea de que el inconsciente está estructurado como lenguaje. Hace también mención al texto de Freud “La represión” (1915) en relación a que el afecto se encuentra desplazado y la representación se mantiene reprimida; para Lacan, dicha representación reprimida corresponde a la estructura íntimamente ligada a la teoría del significante.
Es en relación a este contexto y a algunos conceptos filosóficos  tales como los de Santo Tomás, Spinoza y Nietzsche que estos fragmentos empiezan a encontrar su derrotero.
Para Santo Tomás la resección de las pasiones del alma (afectos) vale en tanto tiene como consecuencia deleite del sujeto mismo en aras de saber lo que es el bien y orientarse en su obtención reseccionado. La delectación de la tristeza propia o no, no confiere pecado. “Los bienaventurados en el reino celestial verán las penas de los condenados para que su bienaventuranza los satisfaga más” (“Suma teleológica. Tratado de las pasiones”).
En el “Tratado de la penitencia”, la tristeza y la alegría pueden ser contrarias, bajo el mismo aspecto, es decir, no puede haber al mismo tiempo una y otra, precisamente por esto puede haber pasaje de una a otra.
En la postura de Santo Tomás se destacan resección y saber, es claramente manifiesto que no hay oposición entre tristeza y alegría sino que hay un saber que se desecha para obtener otro saber, el de la delectación en la tristeza que establecerá una guía para la obtención del bien.
Según Spinoza, es esencial que lo verdadero se sostenga en la forma indiscutible de la idea verdadera, vale decir que esta subsista independientemente del objeto que representa.
“Por idea adecuada entiendo una idea que, en tanto se la considera en sí, sin relación con un objeto, tiene todas las propiedades o presenta todos los signos de una idea verdadera” (“La ética”)
La idea que da lugar a una “idea de la idea” o a una “forma de la idea”, es decir, a un saber que excede su mero contenido representativo es siempre verdadera. La  idea falsa no engendra “forma de la idea”, lo falso ya no tiene ninguna pertinencia ontológica. La duda, lejos de permitir fundarla mejor, desvía de la certeza.
El espíritu humano tiene un conocimiento adecuado de la esencia eterna e infinita de Dios.
En el registro del sentimiento, la alegría e incluso la beatitud son las únicas que se adecuan a ese ejercicio adecuado del conocimiento, mientras que la tristeza, -por lo que Lacan rendirá homenaje a Spinoza -  corresponde a su defecto. Y si esa tristeza es como la huella real, encarnada, de lo que subsiste de una pasión por lo falso, pese a la neutralización intelectual de lo inadecuado.
El concepto de gay saber remite a Nietzsche. La temática transita por los ideales de la civilización occidental: religión, moral, arte y metafísica a los que ironiza. Son estos ideales los que agobian al sujeto. El alegre saber “gay saber” con que los encara le sirven para transitar por lo saberes constituidos produciendo un desasimiento con respecto a ellos.
La oposición tristeza – gay saber, conlleva a ubicar del lado de la tristeza, el peso del sentido con el que el sujeto se anonada en el no querer saber, mientras que en el gay saber, con la reducción del sentido, en su descifrado, se mantiene un bien decir, forzado por la interpretación.
En “Televisión”, Lacan afirma que lo que sostiene una cura es el deseo, incluso el deseo “decidido”. En “No hay clínica sin ética” (Matemas I), Miller afirma que es necesario ampliar la dimensión de la ética y agrega, hay ética donde hay elección. “Y allí donde eso era, querer venir ahí, advenir ahí, incluso renacer ahí, ponerlo en claro es una elección”. Desde este punto de vista, toda la clínica psicoanalítica es reabsorbible en la ética.
En ese mismo texto, Miller hace referencia al Mito de Er planteado por Platón en “La República”. Las almas son puestas después de la muerte, frente a la elección de renacer en la ética bajo la forma que ellas quieran. El psicoanálisis nos lleva al punto en que las estructuras clínicas parecen ser el fruto de una elección, que no es aquella que hace el alma de su nuevo destino, sino aquella de su deseo y su goce.
Para el autor, este es el punto que toca Lacan en “Televisión” cuando hace de la depresión una cobardía moral.
¿”Si no tuviera elección, por que autorizar al sujeto a volver a poner en juego, en la experiencia analítica su posición? Para mí el analista no recibe casos clínicos; somos nosotros los que los transformamos, por nuestra elaboración de saber, en casos clínicos; si el psicoanalista recibe casos, no son más que casos éticos”.
Marie-Helene Brousse en “La depresión como cobardía moral” plantea que el fragmento de “Televisión” que estamos trabajando introduce una ruptura epistemológica, ya que, acerca de dos  campos totalmente heterogéneos – salud mental y moralidad, campo de la ciencia y campo de la ética- . Lacan produce un efecto de sorpresa que señala un corte, el corte introduce al sujeto allí donde había desaparecido a favor de su reemplazo por el enfermo. Esta posición es a la vez antigua y radicalmente nueva. Antigua por la tendencia a interpretar la enfermedad a partir de la culpa, en otros siglos se interpretaba a la enfermedad como prueba de lo malo que se era, es decir, en relación con la noción de pecado o de culpa. Nuevo porque en psicoanálisis la cobardía no tiene que dar lugar a una nueva moralización, se trata de escuchar el dolor de existir que se expresa en estos pacientes. “Cobardía moral – dolor de existir. Depresión y dolor de existir en lugar de depresión y pecado”.
La autora propone pensar la cobardía moral en relación con el dolor de existir en el campo ético y no con una moralización que el psicoanálisis no podría pronunciar.
La cobardía es equivalente al dolor, en “Televisión” apunta la depresión hacia el campo del afecto. Lo que Lacan hace es despertar de manera totalmente nueva el campo de la ética.
Axiomas en los cuales se basa la autora:
·                    El psicoanálisis es el campo delimitado por el sujeto como dividido por el objeto.
·                    El deseo define el campo de la ética. No hay otra moral en el psicoanálisis que la del deseo, lo cual es determinado por el fantasma.
·                    El dolor tiene el mismo funcionamiento que el placer: su ciclo es más largo porque empieza donde el placer termina. Pero tiene también su límite: es el desvanecimiento del sujeto.
Eric Laurent en “Melancolía, dolor de existir y cobardía moral” afirma que en la enseñanza de Lacan hay una teoría de la melancolía desde 1938 – en “Complejos familiares” – que evoluciona después conjuntamente con la evolución global de su enseñanza.
Plantea que algunos se quejan del laconismo de Lacan sobre los trastornos del humor y afirma que este laconismo era también el de Freud.
En relación al fragmento de “Televisión”, plantea que se entiende a la manía como retorno en lo real de lo que es rechazado del lenguaje. Ya no se define en función del narcisismo, sino en función del rechazo del inconsciente por el ser vivo. No es un significante lo que reaparece en lo real, sino lo que es rechazado del lenguaje, o sea, el plus de vida que lo simbólico marca con una mortificación. Si se distingue lalengua y lenguaje, la manía es desencadenamiento de lalengua, sin acción ya del lenguaje que es el inconsciente. Esto reformula lo que en 1938 Lacan denominaba insuficiencia específica de la vitalidad humana.
Lacan no aborda la melancolía a través del afecto de tristeza, sino más bien en su relación con el acto suicida.
Por un lado acto suicida, por el otro, rechazo del inconsciente. ¿Cómo ligarlos? Precisamente a partir de un binario de la enseñanza de Lacan que Miller desarrolló: acto e inconsciente. El acto se sitúa siempre en un horizonte de rechazo del inconsciente. De este modo, manía y melancolía se nos presentan como dos figuras de lo mismo; el pasaje al acto melancólico se junta con la dispersión maníaca del sujeto en lalengua”
Es como una decisión de goce, o sea, como una decisión por el goce, como se juega la suerte del sujeto melancólico o maníaco, ligada al destino de su causa”
La conclusión de Laurent es que a partir de “Televisión”, nos es preciso distinguir entre la clínica de la cobardía moral y la del rechazo del inconsciente. En el primer caso se trata de un sujeto definido a partir de la estructura del lenguaje y su clave es el deseo. En el segundo, el rechazo del inconsciente  nos remite a otro registro, aquel en el que el goce mortífero se anuda al nacimiento del símbolo.
“La alegría o para hablar mi lenguaje, el gay saber, es una recompensa de un esfuerzo continuado, atrevido, tenaz, subterráneo, que a decir verdad no es para todo el mundo” (Lacan, Seminario 24)





[1]Publicado en  HUELLAS: Revista de Psicoanálisis de San Luis. Año II – Nº 1 (5), diciembre de 2003. Agradecemos a Celina Coen su colaboración para la publicación en el blog LACAN TONADA.
[2] Publicado en HUELLAS: Revista de Psicoanálisis de San Luis. Año IV – Nº 6, abril del 2005. Agradecemos a Celina Coen su colaboración para la publicación en el blog LACAN TONADA.

No hay comentarios:

Publicar un comentario