lunes, 14 de marzo de 2016

RESEÑAS DE LAS CLASES GENERALES DEL SEMINARIO CLÍNICO 2015

INICIO: CLASE DE ERNESTO DEREZENSKY
Reseña de Patricia Lucero

El día 27 de Marzo el CID San Luis dio inicio al Seminario Clínico “Lo femenino de la sexualidad a la sexuación”,  la clase estuvo a cargo de nuestro Director Ernesto Derezensky.
Tomó como eje tres textos de Freud:
 Acerca de un tipo particular de elección de objeto en el hombre. Freud nos presenta 4 características que constituyen este tipo de elección.
A) La del Tercero perjudicado. B) La mujer liviana,  la prostituta.  C) Sobre estimación  que hace el varón de la mujer y  D) Voluntad de rescatarla.
Freud explica que cada uno de estos cuatros rasgos que conforman un tipo de elección objetal, está condicionado por la fijación a un objeto prohibido, primordial que es la madre.
Acerca de una degradación general de la vida erótica. Freud nos dice que la condición para una degradación general, es la escisión del objeto, si se ama a una mujer no se la puede desear. Y si se la desea no se la puede amar. Esta escisión del objeto amoroso está replicada con otra escisión que se registra a nivel de la pulsión, entre la corriente sensual y la corriente tierna. Todo esto conduce a una condición negativa de la elección de objeto. El sujeto constata que no puede tener acceso. Freud presenta la impotencia psíquica, con aquellas mujeres que están en posición de madre el acto sexual no es posible. Mientras que sí es posible con mujeres que se encuentran en una posición desvalorizada. Hay una impotencia psíquica que Freud la extiende a la vida amorosa de la especie humana. La degradación del objeto es la condición de la satisfacción sexual.
El tabú de la virginidad. Hay tres preguntas que rebotan constantemente de la pluma de Freud: ¿Por qué los hombres le tienen tanto miedo a las mujeres? ¿Por qué los hombres tratan tan mal a las mujeres? ¿Por qué las mujeres les tienen tanta bronca a los hombres? La respuesta de Freud es que los hombres no les pueden perdonar a las mujeres el defecto que encuentran en ellas, respecto del tener. Ellas no tienen, pueden ser degradadas, rebajadas. Las mujeres también les reprochan a los hombres, es muy importante que sean vírgenes pero vos no tendrás que ser el primero. El hombre teme a la respuesta de la mujer, porque es extraña, no se entiende lo que quiere, piensa de otra manera. Freud concluye  que es  por la castración que en ambos sexos  hay un rechazo a la feminidad.
En Análisis terminable e interminable plantea  que hay algo  que no se puede superar. Si son mujeres se trata de la envidia del pene  y si son hombres  por seguir a otro hombre temen quedar pasivizados. Repudio a lo femenino y   límite de la experiencia.
Lacan deja  la cuestión  del penisneid, función negativa por excelencia. Y se centra en el goce femenino, más allá del Edipo. Este goce no tiene posibilidad de ser simbolizado,  faltan los términos para hacerlo, no se trata de impotencia sino de lo imposible por estructura. Es un goce positivizado, tiene que ver con la contingencia,  con el traumatismo  y  en cada análisis se ubicará lo imposible para cada sujeto.
Agradecemos a Ernesto el exhaustivo trabajo realizado.
                                                                                                                      


CLASE DE MAYO:
NORMA SIERRA Y CARINA MAGALLAN
Reseña de Gabriela Santiano
Las docentes del CID San Luis titulan la clase del  8/5/15 “El enigma de la Feminidad” que se desprende del texto de Freud “La Feminidad”, donde el autor se pregunta sobre ¿qué quiere una mujer? e intenta responder por la vía del deseo y es allí donde queda detenido y encuentra obstáculos.                                                     
La primera parte es desarrollada por Carina Magallán, quien hace un exhaustivo recorrido de algunos textos freudianos “La organización genital infantil”, “Algunas consecuencias psíquicas de las diferencias  anatómicas entre los sexos”, “Sobre la Sexualidad Femenina” y “La Feminidad”  realizando una puntuación de los mismos, para articular la problemática de la sexualidad femenina  con la “Significación del falo” de J. Lacan.  
Destaca la importancia de la fase fálica, ya que para ambos sexos sólo desempeña un papel un genital, el masculino; y la génesis del complejo de castración en esta fase, describiendo toda un lógica en que la oposición no va a ser masculino-femenino sino que será  fálico-castrado.    
En la niña la prehistoria del Complejo de Edipo, coincide con la fase fálica y con el complejo de castración. El descubrimiento  de las diferencias anatómicas, la envidia del pene y el complejo de castración, alejan a la niña de su madre; mediante una ecuación pene-hijo, resigna  el deseo de tener un pene por el deseo de tener un  hijo, toma al padre como objeto de amor y deviene una pequeña  mujer; es la posición femenina del Edipo. Se considera doble el cambio que tiene que hacer  la niña para alcanzar el Complejo de Edipo: de la madre al padre, cambio de objeto;  y de zona erógena, del clítoris a la vagina; el clítoris considerado  en este momento análogo al órgano masculino; la niña ignora al principio la existencia de la vagina.
Freud considera la prehistoria del Complejo de Edipo de gran significatividad y duración en la niña, el núcleo de la neurosis y que la mujer elige su partenaire según el modelo de la madre.                                                                                                                                                                                                                           
El Complejo de Edipo pasaría a ser una formación secundaria en la niña, insistiendo Freud en el carácter secundario de la feminidad.                                                                                                                                                                                       
Todo esto forma parte de un debate con sus contemporáneos, que por el contrario hablan de un conocimiento inconsciente de la vagina  y de una madre que no aparece privada de nada. Toda esta concepción de un feminismo dentro del psicoanálisis, intenta borrar las diferencias entre los sexos, queda cuestionada la fase fálica, da por tierra la importancia del complejo de castración, y su importancia nodal para el desarrollo.
En “La Feminidad” Freud  menciona la expresión “madre fálica” para referirse a la concepción del niño antes de descubrir la castración materna; agrega al complejo de castración la castración de la madre. Lacan piensa la constitución de un sujeto sobre la base del deseo de la madre, de la metáfora paterna.
La docente hace hincapié en el concepto de falo, significante del deseo, que permite ordenar los textos y los términos del Edipo colocándonos en las coordenadas que vamos a encontrar en las fórmulas de la sexuación donde hay un  posicionamiento de la mujer ante el significante fálico, a falta de un significante que la nombre.                    

La segunda parte es desarrollada por Norma Sierra  quien destaca algunos aspectos característicos de lo femenino desde Freud, haciendo referencia  a la castración y a la posición femenina respecto a ella;  y lo que se desprende de este posicionamiento; el amor en las mujeres y dos temas relacionados a la función del amor: la hostilidad y los celos.         
Para diferenciar al varón de la niña Freud tuvo una brújula, el complejo de castración; que es un nudo, una estructura, su acción produce una captura de la anatomía  por lo simbólico, en tanto introduce una inscripción significante que es esta oposición fálico-castrado, que tiene que ver con este ordenamiento del tener y no tener.
Destaca  ¨El tabú de la virginidad¨ donde Freud hace referencia  a las prácticas sociales que se realizaban en relación a la virginidad para pensar entonces la hostilidad de la mujer hacia el hombre. Freud liga a esta hostilidad con la envidia del pene, pieza clave del complejo de castración que adquiere eficacia recién después de cumplida la elección de objeto.
Otro tema que aborda es el del amor, el amor sería dirigido a la madre fálica. Con el descubrimiento de que la madre es castrada se vuelve posible abandonarla como objeto de amor, pasan a prevalecer los motivos de hostilidad que ya venían. Las condiciones de la elección de objeto de la mujer, aunque el modelo del hombre elegido sea de acuerdo al tipo paterno y no por la madre, aún así también desborda sobre este nuevo objeto esa hostilidad arcaica dirigida a la madre.
La niña se aparta de su ligazón con la madre y renuncia a su deseo por el padre sabiéndose castrada, acá Freud ubica algo del orden del amor, del miedo a perder el amor.
Para la salida del Edipo la niña obtiene un resarcimiento por la vía de la vanidad corporal queriendo seguir siendo el falo del otro y para eso debe garantizarse su amor. Por la falta y el penisneid la mujer lo soluciona de dos maneras; haciéndose amar, demandando ser el falo pendiente de los signos de amor del objeto amado; obteniendo el objeto fálico de su partenaire, o sea por la vía también del objeto de deseo.
 Hay un desdoblamiento de la vida amorosa entre el amor y el deseo para ambos sexos. La hostilidad y celos, se desprenden como una consecuencia de esta divergencia. En la feminidad están ligados a la envidia del pene y al punto de castración de la madre, castración del otro. Los celos en ambos sexos, siempre encuentran su raíz en lo femenino. Finalmente, la no coincidencia del objeto de deseo y el objeto de amor, va a conducir a la degradación de la vida amorosa, termina el objeto de deseo degradando al amor; esto para ambos sexos, hay que ver como cada uno se ubica en relación a ello.  Aparecen las preguntas, porque se padece el amor, porque esta disimetría insalvable en el amor, que amamos en el otro, que el  otro ama de nosotros. La experiencia analítica, es una manera de enfrentarnos a esto y de saber hacer allí.                                                            
Finalmente se realiza la presentación de una viñeta de un Testimonio de Pase de Florencia Dassen: ¨Una mirada rasgada¨ articulando los conceptos trabajados.
Agradecemos a Carina Magallán y Norma Sierra su detallada exposición.

CLASE DE JULIO:
PATRICIA GERBAUDO Y MARIEL ROBLEDO
INVITADO FERNANDO MÓ
Reseña de Estela Amaya
La clase contó con la participación de un invitado especial: Fernando Mó, coordinador del CID San Juan, con la presentación de un caso clínico: “Voracidad de todo”, casuística que permitió el comentario e intercambio en relación a nuestro tema del seminario anual “De la sexualidad a la sexuación”.
Las docentes titularon su clase: Lo femenino en “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”
Patricia contextualiza el texto, posterior a ¨La significación del falo¨ y contemporáneo a “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” y “Juventud de Guide, o la letra y el deseo” Teniendo en cuenta que se trata de un escrito que ofrece sus dificultades propone efectuar un punteo siguiendo la lectura del texto de Lacan  apoyándose en el texto de Eric Laurent ¨Posiciones femeninas del ser¨.
Partir de la pregunta de Lacan, ¿Qué es lo femenino en la relación sexual? ¿Qué es el goce de la mujer en la relación sexual? resulta orientador respecto a dejar de lado la vertiente de la maternidad. Patricia entiende que Lacan propone volver a tratar la sexualidad femenina, la satisfacción femenina tan “oscura” para  pensarla respecto a la preeminencia del falo para ambos sexos.
 Realiza referencias a las teorizaciones de los posfreudianos respecto a la sexualidad femenina, deteniéndose específicamente en E. Jones quien sostiene que se nace mujer y  que la represión femenina está ligada al temor y odio a la madre; el niño como deseo femenino en sí mismo y la consideración de la fase fálica como una fase no  normal, es un compromiso neurótico;  introduce, además el concepto de afanisis como temor y separación.
Destaca la pregunta “¿Por qué no establecer aquí que el hecho de que todo lo que es  analizable sea sexual no implica que todo lo que sea sexual sea accesible al análisis?”. Hay algo de lo pulsional que no tiene acceso al análisis vía el significante.
En el apartado “Desconocimientos y prejuicios” señala que Lacan desarrolla el complejo de castración en la mujer en tanto carencia de ser respecto al falo, y acerca del masoquismo femenino  que es un problema llevar la pulsión parcial al rango de condición femenina. Esto desconoce “los efectos castradores y devoradores, dislocadores y sideradores de la actividad femenina” que más adelante nombrará como estrago. La duplicidad de la vida erótica queda oculta en la mujer a partir de esta idea de masoquismo de la mujer es fantasía/fantasma del deseo del hombre. La potencia del concepto de carencia de ser presentado como privación da cuenta de un goce particular en la mujer que puede despojarse del registro del tener, sin que eso sea masoquismo. Lo que nos enseña el masoquismo considerado femenino es la ruptura de la medida fálica. Cuando Lacan dice el masoquismo femenino “es un fantasma del deseo del hombre” nos da la clave. Se produce un entrecruzamiento de dos factores: por una parte, la forma erotomaníaca del amor femenino, que siempre apunta a ser la elegida y por otra parte las condiciones del deseo del hombre, que requieren que el objeto tenga la significación de la castración. ¿A quién se dirige el amor de la mujer? Se responde: ¨Al íncubo ideal: padre muerto o al amante castrado¨. Tanto en el amante castrado como el padre muerto se apunta a la falta del Otro para producir amor. La demanda de amor es en definitiva demanda de castración. En la histeria el sujeto se hace idéntico al hombre y no hay manera de alcanzar al Otro o a la remisión al padre muerto puesto que el sujeto es un Uno fálico. La variante del sujeto histérico es que sólo logra efectuar la estructura normal del relevo a condición de introducir a la otra mujer en lugar de volverse Otro para sí mismo.
Mariel parte de la base que la sexuación no está dada por la diferencia real anatómica sino por diferentes posiciones del sujeto frente a la castración. Propone hacer referencia a conceptos tales como: falo, castración, necesidad, demanda, deseo  ayuda a remarcar como Lacan analiza la relación entre los sexos a partir de la dialéctica fálica. Se ocupa del amor y el deseo y la relación entre los sexos y lo hace bajo el  primado del falo como significante del deseo.
En la mujer subraya el hacerse amar, señalando las tres salidas al penisneid: La mascarada femenina (parecer ser). La maternidad (tratamiento de la falta a través del tener)  La relación con el partenaire que funciona de dos maneras: A través del investimento fálico del amor y a través del órgano del hombre. La mujer recibe el falo añorado porque el pene cobra valor de fetiche. De esta manera la convergencia femenina toma esta duplicidad: su deseo se dirige al pene del partenaire, mientras que su demanda de amor se dirige a la falta del Otro.
 Retoma el Punto VIII, La frigidez y la Estructura subjetiva, específicamente el apartado 2:  “ El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él”. Lacan explicita que la posición femenina es ser el Otro sexo, aquel que no se define por el Uno, por tener el objeto, por ser el portador del falo. Introduce la posición del hombre calificada como relevo, por el cual debe pasar la mujer en la relación amorosa. Entonces el hombre sirve de relevo para que la mujer devenga Otro para ella misma, es decir dividida por su propio goce, en una parte que da cuenta del goce fálico y otra que da cuenta de otra dimensión.
Al final de este escrito hay una frase que ya marca el antecedente de lo que en el Seminario 20 Aún llamará goce femenino: ¨La sexualidad femenina aparece como el esfuerzo de un goce envuelto en su propia contigüidad (…)¨ Este goce queda fuera del dominio fálico aunque todavía no esté formalizado como tal. Aquí Lacan marca una diferencia radical entre lo continuo del goce femenino y lo discontinuo del goce fálico. Se opone contra el deseo que la castración le impone  al hombre en tanto significación fálica, que hace que su goce esté marcado por la discontinuidad de la medida fálica.
                                                                                                                       
CLASE DE AGOSTO:
NESTOR YELLATI
Reseña de Carina Magallán
El día 14 de agosto nos visita Néstor Yellati. Previo a su clase del Seminario nos brinda su participación en una Presentación de enfermos, actividad realizada en el marco del Hospital Escuela de Salud Mental San Luis y en coordinación con los profesionales que allí llevan a cabo su práctica.
Luego de la Presentación de enfermos, Néstor comienza la quinta clase del seminario anual “Lo femenino: de la sexualidad a la sexuación”. Titula su clase: “La actualidad de las bellas carniceras” que se refiere a las histéricas de hoy donde muestran la vigencia de lo que las histéricas le enseñaron a Freud, más allá de las nuevas modalidades, los nuevos pacientes y los cambios en la clínica. “Bella carnicera” es el nombre que le dio Lacan a la histérica que le enseñó a Freud sobre el deseo insatisfecho, aunque este tendrá sus diferentes modalidades en cada neurosis.
Néstor toma los capítulos del Seminario 5 en los que Lacan lee que no se puede encontrar el deseo sin la demanda y por eso explica la articulación clásica: Necesidad, Demanda y Deseo. La demanda, por implicar la acción de la palabra queda articulada al deseo y a la pulsión. El docente hace una precisión del término “Demanda”. En francés significa pedir y preguntar. En castellano estas son dos palabras distintas. Lacan, en francés, vincula pedir con la demanda y pregunta con el deseo. No todo es pedido. También es pregunta.
La pregunta ligada al deseo se evidencia en la frase del Seminario 11: “me dice eso pero ¿qué quiere?¨  En esa pregunta el sujeto se encuentra con el deseo, el deseo del Otro. Al deseo del Otro lo llama falo. Hay que diferenciar el deseo insatisfecho diferente de la demanda del deseo del Otro. Se desarrolla esta conceptualización en el caso de la bella carnicera, pasando por el deseo de deseo, el deseo de la amiga, sustitución salmón- caviar, el deseo del marido, la rebanada de trasero, la identificación histérica a la amiga,  identificación al deseo del hombre.
Luego introduce el amor, que es lo que la bella carnicera demanda a condición de que no le sea dado. El Otro es Otro tachado, no tiene lo que da.
Finaliza su clase señalando la extrañeza de ese deseo del hombre al que se identifica la bella carnicera, el deseo de la rebanada, de la flaca, en este hombre al que le gustan las gordas. Lo que señala es que la extrañeza se debe a que la rebanada no tiene que ver con el deseo sino con la pulsión. Deja así abierta la puerta de los módulos siguientes de nuestro programa.
La clase se desarrolla bajo una modalidad dinámica y de participación, donde los oyentes hacen preguntas y comentarios sobre la clínica y en referencia a la entrevista realizada en la actividad anterior.
Agradecemos enormemente a Néstor Yellati por su excelente clase y por la presentación de enfermos. Agradecemos también al Hospital Escuela de Salud Mental San Luis, por su disposición y trabajo.
                                                                                                           
CLASE DE SETIEMBRE:
SOHAR RUIZ
Reseña de Patricia Gerbaudo
El 11 de setiembre Sohar desarrolló la sexta clase del Seminario Clínico 2015, titulada: ¨Lo femenino en el Seminario X¨. Propone una hipótesis de lectura para abordar los capítulos del Seminario en los que Lacan no trabaja una preocupación por circunscribir lo femenino en sí mismo sino articulándolo a un desarrollo sobre el deseo del analista. Que se vincula al deseo del enseñante produciendo al modo de un collage surrealista la ubicación de un punto de fuga que capte aquello que no puede vislumbrarse.
Para circunscribir algo de la sexualidad femenina hay que pasar por el falo, que en el Seminario X es abordado como órgano, poniendo en suspenso el desarrollo hasta el momento del falo como significante. La angustia coincide con la detumescencia del órgano para el varón, que articula la castración y la producción del objeto a, desarrollado a partir de las caducas biológicas. De ahí puede generalizarse esta operación de la castración tanto para el hombre como para la mujer: implica la renuncia al falo como pura potencia. El menos fi es defensa frente a la angustia. Es un Lacan contra Freud, ubicando la castración como vehiculizadora del deseo, contra la angustia.
La transmisión de la ley a partir de un deseo (lo vivo del padre) permite hacer equivaler deseo y ley. En un segundo momento se constituye el objeto como prohibido, a partir de este primer término: es el padre que desea (la madre como objeto) quien transmite la ley.
A partir de lo que considera un elogio de Lacan hacia las mujeres analistas que han teorizado la contratransferencia Sohar plantea los siguientes  puntos: Laxitud del nudo del deseo en la mujer, la equivalencia y los rodeos para pensar lo femenino respecto a la vasija vacía, la formulación  de Lacan ¨a la mujer no le falta nada¨ y el mito de Don Juan como un sueño femenino que permiten dar cuenta de la pregunta que vincula lo femenino para pensar el deseo del analista.
En la segunda clase lee dos casos con la pregunta: ¿Qué conviene aprender de la posición femenina para el deseo del analista?
El primero tiene el valor de ser un caso que de la práctica del mismo Lacan que  presenta en el capítulo XIV del Seminario X. Sohar  puntúa en la lectura como la tumescencia no es un privilegio del hombre, como la mujer se tienta tentando al Otro con un objeto cualquiera, la posición de la mujer ubicándose como la vasija vacía va tejiendo historias que la llevan a inventarse para el Otro y también para sí misma. De ahí que el ¨me esfuerzo por ser verdadera¨ que la paciente dirige al analista permiten ubicar la mentira por estructura como un intento de lograr la verdad. Lo simbólico miente, lo real en cambio es lo real: ¨cualquier objeto me obliga a invocarlo como testigo, ni siquiera para obtener de lo que veo su aprobación, no, simplemente la mirada¨.
El segundo es un caso de Lucy Tower, presentado en un texto de 1955 sobre la contratransferencia, que Sohar presenta a partir de un trabajo de Gloria Bladé (ELP). Se orienta por la propuesta de Juan Carlos Indart acerca de la contratransferencia leída como un síntoma de la no puesta a punto del deseo del analista.
Para Lucy Tower la contratransferencia es un catalizador del tratamiento analítico, permite la comprensión emocional del analista de la neurosis de transferencia. En uno de los casos presentados acerca de un hombre que en el tratamiento se queja de su debilidad frente a su mujer, a quien la analista considera atacando el tratamiento, la estrategia analítica  era proteger el tratamiento. Lucy Tower tiene un sueño a partir del cual deduce que la mujer de ese paciente no boicotea la cura y que el paciente lleva con más firmeza de lo que dice la situación con su pareja. Hay un giro en la analista a partir de ese sueño que le permite un avance en el tratamiento.
Se resitúa el intento del paciente de poner en contra la mujer y la analista, eliminando esa demanda, y a partir de este momento el paciente se precipita en producciones que la atacan ¨trozo a trozo¨.  Se puede leer como a partir del deseo (no neutralidad) la analista se implica en  ¨atraer sobre si una tormenta¨. Lo que podemos extraer de la lectura de Lacan es que la analista puede hacerlo en tanto mujer  y no porque el paciente despliegue su sadismo sobre la vertiente masoquista de la analista. Ella se va de vacaciones y se aleja de la presencia de esta situación contratransferencial.  La posición femenina de la analista (no le falta nada) le permite al paciente ubicar que no va a encontrar nada en ese des-trozo.
Agradecemos a Sohar  la puntuación y la excelente transmisión realizada en el Seminario.
                                                                                               

CLASE DE OCTUBRE:
JORGE RODRIGUEZ, CON LA PARTICIPACION DE LAURA PIZZUTO
Reseña de Marcela Finos
En la clase general ¨Lo Femenino en el Seminario XX¨ Jorge desarrolló un detallado recorrido, que empezó ubicando por un lado el objetivo de Lacan  en el Seminario XX: poder decir algo más sobre la sexualidad femenina. Más allá de lo que Freud había aportado. Más allá del padre a condición de servirse de él. Y su operador fundamental: el no-todo. Así puntúa un movimiento al respecto, que va desde el tener-no tener de Freud. Pasando por la oposición que plantea Lacan al principio: tener-ser. Para ubicar a la altura del seminario XX otro modo de abordar la diferencia sexual: todo- no todo.
Y por otro lado el docente ubica el contexto de este seminario: el 6º paradigma del goce. Miller dice en La experiencia de lo Real que Lacan en este Seminario se adentra en un nuevo paradigma del goce. El goce de la no relación sexual. Señalando las diferencias que esto implica respecto de la clínica clásica.
Ubica también distintos momentos en Freud, que podrían considerarse antecedentes de la no relación sexual de Lacan.  Esta no relación sexual implica varias cosas:
-que no hay un saber en lo real sobre la sexualidad.
-que no hay una forma de escribir como hombres y mujeres se vinculan, de modo universal.
-que no hay complementariedad entre los sexos.
-que no hay forma de hacer de dos, Uno.
En cambio, lo que sí hay son suplencias, modos de relacionarse, que vienen al lugar de lo que no hay.  Acto seguido pasó a desplegar la lógica de las fórmulas de la sexuación, explicitando la diferencia con la lógica clásica.
Las distintas preguntas que ha ido planteando el psicoanálisis respecto de la diferencia sexual y la sexualidad, han encontrado diversas respuestas. Pasando del registro imaginario (lo corporal), a lo Simbólico (identificación al tipo ideal de su sexo),  y lo Real a la altura del Seminario XX, (con una elección en relación a un goce).
De distintos modos fundamenta a lo largo de su exposición, que no hay nada más lejos de la ‘naturalidad’ que la sexualidad humana.
Laura articuló lo trabajado con un caso de su clínica, lo que abrió una conversación animada y fructífera con el auditorio. Le agradecemos a ambos haber compartido sus valiosos trabajos.

CLASE DE CIERRE:
MIGUEL FURMAN
Reseña de Nicolás Katzer
Miguel Furman hace la presentación de su clase titulada “El goce y lo femenino” a partir de la  introducción de las clases 5 y 6 del Seminario 20 de Lacan. Menciona a las clases 5 “Aristóteles y Freud: la otra satisfacción” y a la clase 6 “Dios y el goce de La mujer” como aquellas en donde Lacan trabaja la articulación entre el goce, la no relación sexual y el goce femenino. Ubica la lectura que hace Miller en su seminario “El Partenaire-síntoma” estableciendo que el interrogante que se desprende de dichas clases es que en el plano del lenguaje, de lo simbólico, hay satisfacción y que la otra satisfacción se trata de eso.
Comienza a desarrollar la clase 5 del Seminario 20. Menciona que la referencia a Aristóteles que utiliza Lacan se debe a la diferenciación que hace Aristóteles entre el bien y el mal, marcando el contrapunto con Freud en tanto este último parte de la diferencia entre principio de placer-principio de realidad y el más allá del principio de placer. Destaca la importancia de este contrapunto ya que siguiendo a Lacan, Miguel plantea que la otra satisfacción no busca el bien sino el mal. Se trataría de esa dimensión del goce irreductible ante cualquier bien, moral o límite.
Continúa el desarrollo de su clase expresando que en el aparato del lenguaje hay un goce articulado y cita a Lacan “la realidad se aborda con los aparatos del goce”. En este punto Lacan se diferencia de Freud.
Nos dice que en el mundo del lenguaje a dos maneras de posicionarse: la del Todo en el lado macho y la del No Todo en el lado femenino. Posiciones que se articulan a su vez con tres categorías lógicas distintas, la de lo necesario que no cesa de escribirse, la de lo contingente que cesa de no escribirse y la de lo imposible que no cesa de no escribirse.
Finaliza la primera parte de su clase planteando que ese otro goce del que nos habla Lacan es el goce femenino, aclarando que la mujer si bien tiene un goce relacionado al falo, este goce femenino no tiene vínculo con él. Nos dice también que hay elementos que suplen la no relación sexual: en el lado macho el objeto a y en el lado de la mujer, tenemos este goce femenino como suplementario.
En la segunda clase realiza la distinción de los goces que hace Lacan en la clase 6 del seminario 20 en torno al goce fálico, el goce femenino y el plus de goce. Estos goces  se presentan en la experiencia psicoanalítica como formas de articular el goce primario, reprimido primordialmente. De esta manera, y más allá de esta división, hay algo del goce que es imposible nombrar. 
Nos presenta al goce femenino en su parentesco y diferencia con el goce primordial en tanto posibilidad que tiene todo ser hablante de inscribirse en el lado derecho de las fórmulas de la sexuación.
A partir de esta referencia retoma los desarrollos de Lacan de la clase 6 y nos dice que los distintos goces suplen la relación sexual que no hay, aclarando que no hay Uno en la relación sexual.
Así mismo continúa mencionando que lalengua es el conjunto de S1, del goce primordial, que no se relaciona con ningún S2, y cita a Lacan: “el lenguaje es una elucubración de saber  sobre lalengua”. Frase relevante en Lacan que ubica en parte el quehacer  del analista. De esta manera a quien le supongo saber lo amo, como una de las fórmulas con la que se puede pensar el fenómeno de la transferencia en la experiencia psicoanalítica. Experiencia que se trata de leer lo que de un discurso logra escribirse e inscribirse.
El hombre aborda en la mujer su propio objeto de la pulsión. El amor cortés es una forma de deformar al objeto femenino en tanto intenta suplir la relación sexual que no hay. 
De esta manera nos dice que La mujer es barrada porque es No toda, porque tiene un goce no fálico, suplementario, que se relaciona con el goce místico. Por esto mismo Lacan va a decir que Dios es femenino. Y ya, al final de su clase, va dejar planteado que el amor de transferencia, el amor cortés, el objeto fálico y el objeto a, son formas de suplir la no relación sexual.
Agradecemos a Miguel Furman por su generoso trabajo en la jornada de cierre del Seminario Clínico 2015.
Y agradecemos al Hospital Escuela de Salud Mental de la Provincia de San Luis por permitirnos participar del dispositivo de Presentación de Enfermos, que estuvo a cargo de Miguel Furman.











domingo, 6 de diciembre de 2015

PARTICIPES NECESARIOS

Jorge Ricardo Rodríguez
CID San Luis

“Con mayor o menor conciencia de ello, todos estamos esperando con excitada resignación la puesta en marcha de una catástrofe universal y no nos damos cuenta de que esta ya ha ocurrido. Admitirse como sobreviviente es una tarea tan dolorosa como inútil. Por eso la postergamos y así llegamos a la situación en la que nos encontramos hoy”.(Fresán, 1998: 65)

Política de la memoria
En el logrado texto de Martín Kohan, Dos veces junio (2002), se retoma la dolorosa historia reciente de la Argentina a partir de retratar la historia entre el Dr. Mesiano, médico militar con cierta jerarquía dentro de la estructura reticular de los campos de detención clandestinos de la última dictadura argentina, y el colimba asignado como chofer del primero, con el que va trabando, en la prosecución del relato una cercanía que, a quienes gustan representar algunas de las tantas “almas bellas” que pululan por doquier, suele erizar la piel. La resolución de la trama se acompaña de la búsqueda de una respuesta válida a la pregunta que inicia el mismo: “¿a qué edad se puede empesar a torturar a un niño?” (sic). El mencionado libro abre así una serie de cuestiones aún hoy no elaboradas lo suficiente desde una política de la memoria, fundamental para la inscripción simbólica de aquellos sucesos de la historia que permiten una explicación tanto de lo sucedido como de lo que es posible esperar. Señalamos solo uno de esos interrogantes abiertos: ¿qué relaciones se establecieron entre la sociedad civil y los ideólogos, voceros y ejecutores de una sangrienta dictadura? O, mejor dicho: ¿qué vínculos se constituyeron entre los personeros de un siniestro plan cuyo fin último fue la implantación de un sistema económico que respira aun hoy entre nosotros -a pesar de las gravosas consecuencias producidas por el mismo, y de los diversos diagnósticos que del espectro ideológico de nuestras tierras se enuncian de él: la podredumbre de su aliento, el tránsito por sus finales estertores son los slogans de una izquierda atontada que solo sabe lo que no quiere; la necesidad de que organismos pseudofilantrópicos acerquen el oxígeno necesario para que siga viviendo, que atravesamos una pequeña gripe de estación pero que el sistema goza de inmejorable salud, en esos topos discursivos se aloja cómodamente una derecha canalla- acompañado de los necesarios procesos ideológicos que permiten que la sangría prosiga, fin que justificó el uso de todos los medios disponibles, aún y sobre todo de los que rozaron los procedimientos más inenarrables de tortura corporal y psíquica, con aquellos actores e instituciones del campo social que ocupaban un lugar destacado en el tejido social de aquellos tiempos, que siguen siendo los de hoy?

Interrogantes similares, aunque con objetivos más modestos, se plantea Hugo Vezzetti en un artículo de Ñ, suplemento cultural del diario Clarín (2004), bajo el título “En el diván de la dictadura”. Expresa que el periodo de la catástrofe política, moral y simbólica signada por la dictadura que hoy es revisado e indagado en núcleos fundamentales de la experiencia nacional, encuentra un punto de detención en las instituciones analíticas; “¿qué paso con el psicoanálisis en la dictadura?” es la fórmula explícita con la que arroja el guante a las instituciones analíticas, en espera de que alguna lo recoja.
Entre quienes nos formamos en psicoanálisis sabemos de los consejos al analista que se desprenden de una lectura atenta de Freud tanto como de Lacan. Uno de ellos reza: acceder a responder a la demanda del Otro sólo permite ocluir lo que del deseo se vehiculiza en tal pedido. Así, nos alejamos de replicar a alguien que ya sabe la respuesta a lo que pregunta (la posición de Vezzetti está lejos de ser ingenua e ignorante. Su nombre luce al tope en la lista de los que por estos suelos se abocan al estudio de la historia del psicoanálisis, y no se priva en cada uno de sus escritos de dejar traslucir el odioenamoramiento –para utilizar esa nueva pasión inventada por Lacan- con que se acerca al objeto de sus reflexiones).
Resulta más interesante a nuestro propósito recuperar del mismo Vezzetti aquellas líneas que quedaran registradas en el periódico Página 12 (1999) con el título “Sobre la responsabilidad civil por el terrorismo de Estado”. Escribía allí:

“La acción pública de la memoria excede la denuncia de los crímenes y la demanda de verdad y justicia en la medida en que, de cara a la sociedad, enfrenta ya no la culpabilidad de los criminales sino las responsabilidades de la propia sociedad”.

Y afirmaba asimismo que el proceso democrático había instaurado una proyección del mal: eso pasado nada tenía que ver con nosotros.

Como en psicoanálisis la significación, la verdad de lo que tuvo lugar en un punto del pasado depende de un hecho que pertenece a su futuro; y es a partir del futuro que recibe su sentido un hecho del pasado -la verdad histórica no es la exactitud de lo que aconteció, es la transformación de lo que sucedió por la perspectiva de lo que será- nos importa sacar a luz algunas especulaciones respecto al lazo que unió a una sociedad con sus sepultureros.

La crueldad del Amo
A la palabra crueldad, dice Jacques Derrida (2001), podemos asignarle una ascendencia latina (cruor, crudis, crudelitas), del crimen de sangre, de los lazos de sangre, o vincularla al deseo de hacer o hacerse sufrir por sufrir, incluso de torturar o matar, de matarse o de torturarse torturando o matando, por tomar un placer psíquico en el mal por el mal, hasta por gozar del mal radical; en todos los casos la crueldad sería difícil de determinar o delimitar.
Para Freud la crueldad sería sin término pero no sin término oponible, sin fin pero no sin contrario. Podemos detener la crueldad violenta, pero una crueldad psíquica lo suplirá inventando recursos nuevos.
Derrida se pregunta si es el psicoanálisis la única vía que permitiría “si no saber, si no pensar incluso, al menos interrogar lo que podría significar esta palabra extraña y familiar, “crueldad”, la peor crueldad, el sufrir por sufrir, el hacer sufrir, el hacerse o dejar sufrir por, si puede decirse así, el placer del sufrimiento”.
Si hay algo irreductible en la vida del ser humano constituido por la posibilidad de la crueldad (la pulsión del mal por el mal, dirá Derrida) ningún otro discurso sabría abrirse a esta hipótesis. Todos estarían hechos para reducirla, excluirla, privarla de sentido. No sería el único lenguaje posible ni la única forma de tratamiento de la crueldad que no tendría fin, pero si el psicoanálisis seria el nombre de eso que “sin coartada, se volcaría hacia lo que la crueldad psíquica tendría de más propio”.
¿Podría por tanto el psicoanálisis subvertir esa tendencia a la aniquilación? Si, a condición de acogerla en su praxis.
Supongamos: el relato de la actividad de una madre que sistemáticamente higieniza a su cría hasta el límite de llagar su piel, o el de aquella otra que retribuye con una golpiza a las heces de su niño, ese relato, dirigido a un analista, podría dar lugar a un psicoanálisis. Las actividades de los torturadores no dan lugar a nada, salvo una cosa: el silencio del cuerpo.

Freud en “A propósito de un caso de neurosis obsesiva” (1995) escribe el relato de un reservista que cumple el servicio militar, y que acude a su consulta. El paciente ha debido relacionarse con un capitán de apellido checo, individuo que le inspiraba cierto temor, pues se mostraba manifiestamente inclinado a la crueldad. Expresaba el paciente a Freud:

“No quiero afirmar que fuese un malvado, pero en sus conversaciones se había mostrado repetidamente partidario de los castigos corporales, habiendo yo combatido varias veces su opinión con acaloramiento”.

Es este capitán cruel el que le relata un tormento que se practica a los prisioneros en Oriente, “castigo singularmente espantoso”: introducir a un prisionero ratas que lo penetrarían por su ano. Cuando Freud recibe ese decir, escribe respecto del narrador:

“Se notaba en él una expresión del rostro de muy rara composición, y que sólo puedo resolver como horror ante su placer, ignorado [unbekennen] por él mismo”.

¿Qué lleva a Freud a detenerse en el rostro de su paciente? La interrupción de la narración. El paciente pide ser dispensado del mismo, a lo que Freud replica asegurando que por su parte “no tenía tendencia alguna a la crueldad, y que desde luego, no quería atormentarle, pero que no podía concederle lo que me pedía, puesto que la superación de la resistencia era un mandato ineludible a la cura”. Freud no lo libera de la asociación libre, sea de la naturaleza que sea. La posición de Freud sacude a su paciente, y la sacudida le presenta la representación de que eso (el tormento) sucede con una persona que le es querida, y allí se relanza el análisis.
El “placer ignorado” era mostrado a Freud, era dirigido a él. Así el tormento en el campo analítico es llevado al terreno de la palabra y, por ende, vía asociación libre, a hablar de otra cosa. Pasaje de registro donde el cuerpo torturado no interviene más que en forma simbólica. El “hombre de las ratas” no fue torturado, sólo relataba lo que a él le relataron, dirigiendo su relato a su analista. Esa expresión del rostro de un horror ante su placer, ignorado por él mismo hablaba el horror del goce que lo habitaba.

Por hipótesis, todo sujeto tiene una cierta idea acerca de lo que es susceptible de proporcionarle o no placer, pero acerca de su goce –esto es: la satisfacción pulsional freudiana- vive en un total desconocimiento. Situación harto más desagradable cuanto que el goce de un sujeto siempre insiste por el lado que él preferiría no mirar demasiado. Por lo mismo, cada vez que el goce se presentifica, alguien paga sus costos.

La política del avestruz
Jorge Aleman (2001) afirma que la política seria la forma en que una comunidad decide no decirle “ven” a cualquier cosa. Eso constituye la responsabilidad en política: decidir impedir que ciertas cosas sucedan. Ello mismo se constituye como un punto de posibilidad a la perspectiva de un futuro, pero, y al mismo tiempo, como uno de imposibilidad. ¿Y si el “ven” en su naturaleza más esencial fuera, como la repetición freudiana lo enseña, un “vuelve” disfrazado?
Pero ese proyecto político, a la vez, invalida la opción emancipatoria que el acontecimiento contiene como posibilidad. Y esto no deja de ser problemático para una empresa que contenga tal fin. ¿Cómo conciliar ambas caras de la moneda?

Freud dilucida en “Más allá del principio del placer” (1996) que aquello que se da por sorpresa, que se presenta como mera contingencia –lo peor del trauma-, se vuelve a través de la repetición tan necesario como un destino que se escribe.
Lo real, ya ha insistido lo suficiente Lacan en esto, es lo que vuelve al mismo lugar. Si ello se entiende, y alejados de los fenómenos captamos la estructura, percibimos que se ha vuelto innecesario el montaje siniestro de los campos de detención para contener y reducir a ese real nombrado por la historia oficial como “desaparecido”.  Hoy muda sus ropas, y con una sensiblería diet, lista para ser digerida, se cuela por cualquier pantalla a la hora de la cena. En esta época de simulacro total, donde los acontecimientos están en huelga, Lacan nos muestra que no hay realidad por construida que se presente, que evite la singularidad del acontecimiento y la huella de aquel imposible que lo hizo surgir.
Designar como mera fatalidad este retorno de lo real –pero también de lo peor- es renunciar a dilucidar la lógica que la comanda, retroceder frente al proyecto del psicoanálisis que indaga sobre el tipo de satisfacción libidinal que se realiza en tal retorno, y si esta puede ser transformada.

El inconsciente es unbewusste, o como juega Lacan: une bévue, hacer la vista gorda. Pasamos por alto el modo en que nuestro acto ya es parte del estado de cosas que estamos mirando.
Si la muerte no ha faltado a la cita a lo largo del siglo XX, y ha danzado su baile mortífero y enloquecido, quizás sea por la inquietante razón ya formulada por Hegel: el Amo, por monstruoso que sea, forma un par con el esclavo. Tesis difícilmente soportable cuando una dictadura se desmorona, y se oye a los inocentes por fin libres enumerar los crímenes de los que eran tanto contemporáneos como mártires. Sin embargo, lo real mismo de lo que ellos soportaron, insiste. ¿No tenían nada en común con ese cuyo poder soportaron durante tanto tiempo y cuya caída contemplan ahora, incrédulos? Pero entonces ¿en qué descansaba su tiranía para haberse ejercido así, más allá de las fronteras de lo imaginable? ¿Qué extravagante lazo social podían formar juntos, todos juntos, verdugos, cómplices, testigos, víctimas? Sin firmar pacto o acuerdo previo alguno, escribe Gerard Miller, “habían navegado en el mismo Arca de Noé, no para escapar de las aguas del diluvio, sino para beberla junto hasta las heces” (1996:171).

La política del avestruz es la que sigue como estrategia enterrar la cabeza bajo tierra para no ver, pero que deja un resto de anatomía al descubierto...Seguramente no ve nada, aunque el refranero popular no le de la derecha aquí –ojos que no ven, corazón que no siente- y sí se percate de que algo no anda del todo bien.
Sería mejor por tanto para el sujeto afrontar su situación, por más desagradable que resulte, para vivir su vida -la única que tiene-, la que sistemáticamente sacrifica en el altar de una mortal comodidad que huele a tufo de complicidad.
De lo cual, y para concluir, se deduce que el pase de factura al Amo de turno, en plena vigencia o en franca retirada, oculta lo que de partícipe necesario tiene el esclavo que no deja de reconocerlo como aquel que gano la apuesta.
Y eso que el avestruz, dice Judith Miller, no supone simplemente una política: “su reputación se debe también a su estómago. Se lo traga todo, hasta lo más indigesto” (2002: 41).
A cada cual le queda saber entonces hasta donde está dispuesto a abrir el garguero.


Referencias bibliográficas

Alemán, Jorge (2001). Jacques Lacan y el debate posmoderno. Bs. As.: Filigrana.

Derrida, Jacques (2001). Estados de ánimo del psicoanálisis. Lo imposible más allá de la soberana crueldad. Bs. As.: Paidós.

Freud, Sigmund (1995). A propósito del caso de una neurosis obsesiva. Obras completas, tomo X. Bs. As.: Amorrortu.

Freud, Sigmund (1996). Más allá del principio de placer. Obras completas, tomo XVIII. Bs. As.: Amorrortu.

Fresán, Rodrigo (1998). Historia argentina. Bs. As.: Tusquets.

Kohan, Martín (2002). Dos veces junio. Bs. As.: Sudamericana.

Miller, Gerard (1996). Malestar. Sesenta síntomas en el mundo como Freud manda. Bs. As.: Ediciones de la Flor.

Miler, Judith ( 2002). Las avestruces descalabradas. Coloquio Jacques Lacan 1901 –2001. Bs. As: Paidós – Campo Freudiano.

Vezzetti, Hugo (1999). Sobre la responsabilidad civil por el terrorismo de Estado. Página 12, 07/08/99. Bs. As.

Vezzetti, Hugo (2004). En el diván de la dictadura. Ñ, suplemento cultural de Clarín, año I, N° 15. Bs. As.

CUERPOS VIOLENTADOS

                      Marcela Gutman,  Cecilia Salvetti,  Zulema Buendía.

Trabajo publicado en el Blog del Departamento de  Investigación de Estudios Lacanianos sobre la Violencia (VEL) el 23/11/15

1. Aportes
           Como asistentes al  Seminario “Lazos sexuales en el siglo XXI: la violencia de género y el femicidio” durante el año 2015,  nos interesó investigar la problemática propuesta por los responsables del Departamento de Investigación VEL,  “Cuerpos violentados”,  para realizar aportes en función de la Jornada del ICdeBA,  en marzo del año 2016.
           En “Radio Lacan”, Jorge Chamorro,   uno de los responsables del Observatorio 1 de la FAPOL  menciona en el audio:   “La violencia y las mujeres en Latinoamérica” (1),   la propuesta de ampliar la investigación  sobre la  temática,  con los “aportes  de orden práctico” de especialistas en el área  que se encuentren trabajando en  dispositivos sociales.
Para ello realizamos una entrevista al Lic. Sergio Galizzi, Perito Psicólogo con formación psicoanalítica,   quien trabaja actualmente  en la Oficina de Violencia Doméstica  (OVD) (2) que depende de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
  Consideramos que  la violencia no es un concepto propio del psicoanálisis,  implica de nuestra parte un esfuerzo de elaboración para para  incidir  en relación a otros campos discursivos orientados por la política del psicoanálisis.
2. Entrevista
E: ¿Nos podrías comentar sobre el Dispositivo de la OVD?
S.G: El dispositivo de acceso a la justicia (3),  en el que me encuentro trabajando,  consiste básicamente en la realización de  una entrevista que tiene el estatuto de una denuncia,  a cargo de  tres profesionales con la víctima que padecen violencia, una  trabajadora Social,  Psicólogo/a, y  abogado/a. Estos profesionales tienen  como objetivo, establecer a partir de escuchar  el  discurso de la mujer que denuncia, la pertinencia de  una medida de protección  del sistema judicial.  La entrevista se realiza en un tiempo acotado, dos horas aproximadamente.
           El legajo que se presenta está compuesto por un acta e informe de riesgo y si la situación lo requiere un informe médico. La elaboración del informe de riesgo se sustenta en la experiencia e indicadores que proceden del marco teórico basado en la temática de violencia familiar y la formación-experiencia de los profesionales que intervienen en la entrevista.
Lo central de la entrevista,   es por un lado, cómo hacer   accesible los recursos legales a la víctima y por otro lado tratar de  observar, y escuchar de forma atenta,  los efectos de las manifestaciones de la violencia familiar.
Comenzar a escuchar estas situaciones,  conlleva a  toparnos con el horror de los fenómenos de violencia,   a través del despliegue de  su discurso  mencionado  intentamos  hacer una lectura acerca de  cómo  incide  en la subjetividad de quien denuncia, de ser pertinente derivamos al CIM (Centro de Atención a la Mujer o a servicios de asistencia de salud mental  pública).
E: ¿Qué posibilidad de intervención del psicoanálisis en los momentos de urgencia? ¿Cómo pensar la posición del analista en el siglo XXI donde hay un empuje al goce obsceno bajo la modalidad del  pasaje al acto violento?
           S.G: Estas preguntas se relacionan directamente, voy a intentar responderlas en forma articulada.
Una respuesta posible es recordar que la posición del psicoanálisis,  como la del analista, está  orientada  por  la ética basada en bien hacer y el bien decir.
         Ante la urgencia,  el analista escucha activamente. Durante la entrevista con una mujer que padece violencia, trato  de sostener  la mirada de la entrevistada para posibilitar el despliegue de un decir. Pensemos que estamos ante  una entrevista única  con una persona sumergida en el relato de  escenas  de horror, lo importante es  favorecer  una intervención desde la sensibilidad,  no desde la interpretación. En  otros términos, no  se intenta conmover inmediatamente la defensa.
Puede observarse  que se trata de un relato de  horror  en torno a las  escenas de violencia,   como un continuo  retorno de  imágenes,   del orden de lo traumático. Me parece importante a destacar la presencia del analista que escucha desde su ética, y sensibilidad,    posibilitando  que la víctima deposite su malestar. La sensibilidad está en una mirada, un gesto, en la detención de un discurso,  buscando producir un encuentro con lo que está aconteciendo y no se puede elaborar  simbólicamente tan directamente. Es decir comentar lo acontecido.
             Una vez que el sujeto habla hay una temporalidad que entra en juego y eso permite que deje de padecer un poco para luego comprender algunos aspectos y tramos  de su historia. Incluirse en la historia,  hace que no sea un relato traumático sino un encuentro con otra dimensión de la propia  sensibilidad. Uno  encuentra en estos relatos  un punto de goce que no deja de inscribirse.  Sólo la víctima se pregunta por qué padece o acepta la violencia.

  E: ¿Cuál  es el punto del quiebre en el “contrato sintomático” en la relación de pareja que  lleva  a la  denuncia de algunas mujeres? ¿Qué coyunturas se presentan como comunes?
   S.G: La mujer tiene diferentes puertas de entrada  para realizar una denuncia. Una de las coyunturas  que  se sostiene y reitera a través del tiempo,  es que estén en riesgo sus hijos,  cuando algún aspecto  del objeto amado es conmovido,  puede precipitar  la  realización de  una denuncia. Cuando el cuerpo se encuentra en  riesgo de vida podría ser otra posibilidad, o cuando no padeció anteriormente   actos de violencia de  cierta magnitud, provocando  la  búsqueda  de una protección legal.
Por lo general  escucho el relato de  mujeres que denuncian, con una  historia infantil  en relación a  un déficit  en la función  paterna,   lo cual  nos permite entender  la urgencia que muchas veces tienen de querer saber que haya un juez que pueda protegerlas, al punto de fantasear frases como: “Yo quiero que el juez le diga que no me puede pegar ni  maltratar, que esté en el momento de la agresión para que vea lo que me pasa”.
E: ¿Qué obstáculos se pueden ubicar  para maniobrar con el tratamiento de goce del sujeto golpeado?
S: G: El obstáculo principal esta enlazado al desconocimiento de la problemática en su dimensión  clínica y  multicausal.  Es fundamental escuchar desde un marco más amplio,  donde  se ponen en juego aspectos sociales,  culturales, historias familiares. El obstáculo es querer interpretar el escenario de la perversión expresado en el acto violento.  El tratamiento tiene un recorrido que va desde el empoderamiento de la víctima a posibilitar  la construcción de  una responsabilidad subjetiva, para ceder en algún aspecto el goce en juego.  El encuentro con la escucha de la mujer que denuncia acerca cómo el goce está enlazado al maltrato  puede incidir en una apertura a la   subjetividad y al deseo.
E: ¿Qué lugar tiene el psicoanalista lacaniano en las instituciones?¿ Qué función tiene en relación a la víctima y en relación al equipo interdisciplinario?
S. G: El psicoanálisis lacaniano está en la formación de los  profesionales  que trabajan en  las instituciones. Es un discurso que produce efectos,  aunque no cambie el discurso del  amo,  en éste caso se trata del Poder Judicial, basado en el discurso jurídico.
 Es como dice Lacan,  la intervención  la podemos pensar por  sus efectos. La mujer en posición de víctima  puede  encontrar en el que escucha una posición diferente que aloje  su singularidad
E: ¿Por qué se escucha a la mujer que denuncia solamente y no a la pareja?
S.G: La violencia está rodeada de un marco histórico político como es  la cultura patriarcal. Algunos autores mencionan como modelo masculino imperante. La definición de la violencia implicaría,  dos supuestos paradigmáticos,  que la mujer tiene mayor preponderancia en ser escuchada en los tiempos actuales  y no así al hombre, a quien se suele considerar  en general victimario.
El concepto de desequilibrio de poder y dominación son los ejes que se puede observar en el vínculo entre el hombre y la mujer. Por una cuestión histórica la  mujer ha tenido una posición inferior y esto se observa en muchos casos donde la mujer obedece sin un  deseo  ni consentimiento en juego,  respecto de  lo que un hombre impone. A su vez escuchamos que hay una idea que  el hombre que tiene de sí mismo como un lugar natural de superioridad. Esto  suele ser un obstáculo  para  realizar una entrevista conjunta de pareja. En la misma entrevista, la mujer no habla, mira de reojo al hombre que opina. Esta posición la confunde más, la imposibilita para continuar, pensar una  salida de  la violencia y  suele sentirse culpable sobre lo que está expresando, quedando  a veces  la mujer como fabuladora,  impidiéndole  enfrentar al hombre violento.
E: Desde el psicoanálisis se plantea no retroceder ante la psicosis, ¿es posible no retroceder ante la violencia de género  en la práctica institucional?
S.G: Es una pregunta que implica  una dimensión ética frente a la problemática, para hacer frente a la violencia  como frente a la clínica de  la  psicosis, en ese punto se conjugan. Para la violencia es importante el intercambio y la intervención social, jurídica, de salud y varios actores que en un trabajo en  red puedan intervenir con una dirección común.
E: ¿Qué escucha es posible para el hombre violento en la oficina de violencia doméstica, que motivos presentan?
S.G: El hombre tiene un posición de víctima social no de víctima respecto de su pareja, por lo general viene a sostener o reconfirmar  un semblante dentro de la sociedad,  no para  resolver el conflicto con la violencia. No suele  comprometerse con lo que genera,  sobre cómo genera  los actos violentos. Se  suele posicionar como el depositario social de la violencia que se denuncia contra él, es decir se victimiza, quedándose en una relación especular que fomenta mayor violencia.
E: ¿Qué  aspectos recurrentes  logró ubicar en los casos de violencia de género?
S. G: Algo estuve esbozando en relación a la repetición. Podemos ubicar  que suele estar  enlazada a la pérdida y búsqueda del  amor paterno, como una  forma de demandar una atención que la pareja no suele tolerar. Otro factor recurrente es creer que  las adicciones son la causa de la violencia del hombre, como también el  mandato cultural y familiar sobre los  lugares que  hombre y la mujer en la pareja deberían supuestamente ocupar.  Algunos ejemplos para la mujer: “yo tengo que cocinar, tengo que atenderlo”,  expresiones ligadas  al mandato social y/o familiar.
E: La violencia de género es un síntoma social, ¿cuál sería la función del analista para escuchar  y ubicar la incidencia subjetiva en la relación a la violencia?
S.G: La posición de la mujer puede comenzar a modificarse a partir que puede ser  escuchada en su singularidad generando una oportunidad. El psicoanálisis lacaniano nos enseña a leer e interpretar los efectos en  la clínica respecto a  los síntomas contemporáneos.
E: ¿Qué cuestiones centrales puede ubicar en relación  al cuerpo ante los fenómenos de violencia?
S.G: El cuerpo tiene diferentes resonancias en relación a la  víctima de violencia. Hay cuerpos que hablan por sí solos, suele ser una  imagen articulada a la  agresión. . Durante la  entrevista  el relato sobre el cuerpo violentado, no sobre el temor padecido,  en otros términos,   hablan de  las  marcas, hablan del cuerpo. Es interesante observar que hay mujeres que no aceptan  ser revisadas,  un cuerpo articulado a  la dimensión del pudor.

Hay otras casos de mujeres que no registran los golpes en sus cuerpos,  cuando  se le consulta si las lastimaron con objetos por las marcas que presentan,  manifiestan no saberlo, parecieran no registra el golpe a pesar de la magnitud de la escena descripta, hacen referencia a  imágenes, gestos, frases sueltas,  sonidos. En este punto me pregunto por la estructura clínica, no es un dato menor cómo responden los sujetos  ante situaciones de violencia. A su vez la presencia del otro que constata la violencia recibida en una marca en el cuerpo, permite  un registro de su propio cuerpo violentado.

Por  las lesiones interviene un equipo de médicos que constata las mismas,  la magnitud de la agresión, que evaluando junto al equipo interdisciplinario inicial mencionado se evalúa la pertinencia de la Justicia Civil/o Penal.


3. Comentarios:
Nos resultó interesante acceder al conocimiento  de cómo funciona un dispositivo estatal vigente que aborda  la temática sobre la violencia doméstica. ¿Nos preguntamos puede ser  la denuncia un primer movimiento  de reconocimiento e  interrogación sobre el padecimiento para un sujeto?.  Es fundamental la presencia de practicantes del psicoanálisis en estos dispositivos para posibilitar la  escucha que habilite  una  palabra inédita.
Nos orienta en ese sentido,  un artículo de  Miquel Bassols: “Cuando alguien acude al psicoanalista pide ser reconocido en su singularidad como un sujeto que sufre de una experiencia traumática. Es en primer lugar una demanda de ser reconocido como tal, y muchas veces de ser reconocido como víctima objeto de esa experiencia. Es en este punto donde el psicoanalista opera una inflexión en el sentido que el  discurso social y jurídico han dado a la victimización generalizada para subrayar algo que, de hecho, este mismo discurso ha introducido ya de maneras diversas sin localizarlo en su verdadera dimensión: la responsabilidad del sujeto ante su posición de objeto” (4)
Para concluir,   algunos interrogantes  acerca de los  “Cuerpos Violentados”: ¿Qué  posibilidad  hay de subjetivar “el cuerpo violentado” en otros dispositivos además del clínico? Teniendo en cuenta  que el próximo Congreso de la AMP 2016: “El cuerpo hablante”,  ¿se trata en está en época de un cuerpo imaginario que se muestra en términos de actings o pasajes al acto violento? ¿Es el deseo del analista la brújula posible  ante  la fascinación por el horror  que genera la mostración de los cuerpos violentados?

4. Bibliografía General:
-Bassols Miquel: “Victimología”,  artículo publicado en el Blog del Congreso de Pipol 7,    “¡Víctima!”, Bruselas,  julio 2015.
-Chamorro Jorge: Link de entrevista en Radio Lacan: http://radiolacan.com/es/topic/675/3
-Miller J-A: Capítulo XX “El partenaire síntoma”, en el libro “El Otro que no existe y sus comités de ética”; Editorial Paidós, Bs As,  Primera Edición, Año 2005, p. 416
-Link de la página de la OVD: https://www.youtube.com/watch?v=2CFbCFrv-so-


5. Notas:

(1) Chamorro Jorge: Link de entrevista en Radio Lacan: http://radiolacan.com/es/topic/675/3
(2)La OVD funciona en la calle Lavalle 1250 PB CABA, teléfono 4213-4510/4514
(3) Link sobre el dispositivo de la OVD: https://www.youtube.com/watch?v=2CFbCFrv-so-
(4) Bassols Miquel: “Victimología”,  artículo publicado en el Blog del Congreso de Pipol 7,    “¡Víctima!”, Bruselas,  julio 2015

jueves, 1 de octubre de 2015

Homenaje a nuestra querida Carmen Basualto

Queremos recordar a nuestra querida amiga y colega Carmen Basualto, a modo de homenaje y gratitud por su entusiasmo y dedicación en el trabajo compartido en la causa psicoanalítica,  publicando algunos de sus textos.
Podrán leer Síntoma: binario sentido-goce donde nos introduce desde las Conferencias de Freud hasta las consideraciones de la última enseñanza de Lacan del síntoma como función.
A continuación un trabajo presentado en dos partes: ¿Duelo, depresión, melancolía? en el que nos acerca a partir de su recorrido y al modo de la disciplina del comentario de fragmentos de Televisión de Jacques Lacan, sus aproximaciones a lo que implica   la ética del deseo en psicoanálisis.
Ambos trabajos están publicados en Huellas, Revista de Psicoanálisis de la Biblioteca de Psicoanálisis de San Luis Eugenia Sokolnicka, institución en la que Carmen participó conjuntamente a su pertenencia a la Comisión Directiva del CID San Luis en la que se desempeñó como docente y secretaria de finanzas.
Nuestros más cercanos recuerdos  de su trabajo preciso y alegre  nos remontan a  las reuniones de la Comisión Organizadora de las Primeras Jornadas Regionales del Nuevo Cuyo del IOM2 que allá por el 2012 y 2013 se realizaron sistemáticamente en su consultorio, en el que nos recibió como cálida anfitriona una y otra vez.
Les acercamos sus textos con un gracias y hasta siempre Carmen!
San Luis, Octubre de 2015


SÍNTOMA: BINARIO SENTIDO - GOCE
Carmen Basualto

Trabajo presentado en el espacio de la Biblioteca “Diálogos”, en Julio de 2008 y publicado en HUELLAS, Revista de psicoanálisis de San Luis, Año VIII, Nro. 7, diciembre de 2008. Agradecemos a Celina Coen su colaboración para la publicación en el blog LACAN TONADA.


“Que los síntomas tienen un sentido y que sólo se interpretan correctamente – correctamente quiere decir que el sujeto deje caer alguno de sus cabos -  en función de sus primeras experiencias, a saber, en la medida en que encuentre lo que hoy llamaré, por no decir al respecto nada más y nada mejor, la realidad sexual” Conferencia de Ginebra. Lacan. 1975.
Este trabajo es un intento de sistematización acerca de la evolución del concepto de síntoma, concepto nuclear en la clínica. La referencia al síntoma como binario sentido-goce alude a la orientación que sigue tanto Freud como Lacan en su enseñanza.
“Conferencias de Introducción al psicoanálisis”. Freud. 1917.
En la obra de Freud, hay una dualidad en relación al concepto de síntoma, el binario sentido-goce se observa claramente en las Conferencias de introducción al psicoanálisis, básicamente en las conferencias 17: “El sentido de los síntomas” y 23: “Los caminos de formación de síntomas”.
Estas conferencias se llevan a cabo durante la primera guerra mundial y están destinadas a un público no erudito, de no analistas. Según Miller, la simplificación a la que Freud se vio obligado es lo que permite ver los fundamentos y los lineamientos de la teoría. En estas conferencias, no sólo hay una obligación de condensación sino también de continuidad lo cual hace surgir el problema de la articulación de los temas. Conferencia 17 “El sentido de los síntomas” es una aplicación de lo que se ha dicho de los sueños y los actos fallidos a los síntomas, por ende, los síntomas al igual que los sueños y los actos fallidos tienen un sentido que se puede interpretar. Enfatiza la vertiente del sentido, prácticamente no menciona el problema libidinal. “Los síntomas neuróticos tienen entonces su sentido, como las operaciones fallidas y los sueños, y al igual que estos, su nexo con la vida de las personas que los exhiben”.
Conferencia 23: “Los caminos de formación de síntomas”. Enfatiza la fijación libidinal, es decir, la fijación de goce. “Así el síntoma se engendra como un retoño del cumplimiento de deseo libidinoso inconsciente, desfigurado de manera múltiple, es una ambigüedad escogida ingeniosamente provista de dos significados que se contradicen por completo entre sí”.
“El síntoma repite de algún modo aquella modalidad de satisfacción de su temprana infancia desfigurada por la censura que nace del conflicto, por regla general volcada a una sensación de sufrimiento y mezclada con elementos de la ocasión que llevó a contraer la enfermedad. La modalidad de satisfacción que el síntoma aporta tiene en sí mucho de extraño. Prescindamos de que es irreconocible para la persona que siente la presunta satisfacción más bien como un sufrimiento y como tal se queja de ella. Esta mudanza es parte del conflicto psíquico bajo cuya presión debió formarse el síntoma. Lo que otrora fue para el individuo una satisfacción está destinado, en verdad, a provocar hoy sus resistencias o su repugnancia”.
En las conferencias que separan a la 17 de la 23, Freud introduce lo pulsional, la libido, lo sexual. En esta etapa, trata de vincular las 2 vertientes de su obra: la vertiente del descubrimiento del inconsciente, de los fenómenos interpretables, y la vertiente del descubrimiento de la sexualidad infantil y de su carácter perverso.
En el Seminario de Barcelona, Miller lleva a cabo un análisis de la Conferencia 23 donde afirma que esta conferencia complementa la dimensión semántica del mensaje sintomático con su dimensión referencial, puede pensarse como un estudio de los modos de gozar. En relación al título, aclara que lo que camina es la libido, es porque camina que tiene sentido el concepto de fijación. Un camino posible es la llegada al síntoma, otro es llegar a la obra de arte. La libido se puede sublimar o sintomatizar. Los rodeos son los caminos de formación de síntomas.
Algunas otras puntuaciones a tener en cuenta son: La libido está bloqueada en su búsqueda de satisfacción, se escapa de la actualidad hacia el pasado, ya sea, un pasado fantasmático o el de un estado anterior de la libido. El camino regresivo lleva a las vivencias sexuales infantiles.
Existe una oposición entre la fenomenología y la verdad de los síntomas, la primera impone la presencia de sufrimiento y en la segunda reside la satisfacción libidinal que el síntoma da al sujeto.
La creación, el arte pueden pensarse como una inversión del camino sintomático: hay un retorno a la realidad en tanto que el artista produce obras que toman su lugar en dicha realidad externa. En la obra de Lacan, podemos encontrar también dos conceptos de síntoma: síntoma como mensaje y síntoma como goce. En la primera concepción, el síntoma es pensado como un mensaje a descifrar como todas las formaciones del inconsciente. Es una mirada optimista en relación a la cura con su influjo sobre el síntoma, pensaba que la interpretación deshacía el síntoma.
El síntoma es entendido según el concepto Freudiano de retorno de lo reprimido por lo cual opera la estructura de la metáfora donde un significante sustituye a otro en la producción de significación y, en último término el nombre del padre y la metáfora paterna aseguran la significación fálica. Es decir, un síntoma que corresponde a los registros de lo imaginario y simbólico.
La interpretación está entendida como el proceso inverso de la represión. La cura muestra que los síntomas son resistentes a la interpretación, se transforman pero no se destruyen.
Miller señala también que los cambios de concepto de síntoma de Lacan corresponden a virajes en su enseñanza: a esta primera concepción de síntoma como sentido corresponde a las etapas de Lacan de la dialéctica y del Lacan estructuralista. El concepto de síntoma está íntimamente ligado a los conceptos de sujeto y de cura. En el Lacan de la dialéctica hay un predominio de lo imaginario, cobra valor el concepto de implicación subjetiva, el sujeto siente al síntoma como egodistónico y comienza análisis. Sujeto como subjetividad.
El concepto de cura se piensa a través de la dialéctica con el otro, tiene que ver con la posibilidad de tomar la palabra. Concepción dialéctica basada en el arte de la verdad a develar, se tiende al reconocimiento del deseo a través de la palabra. La búsqueda de sentido se va a orientar a lo simbólico mediante el concepto de palabra plena, creyendo en la palabra como mediadora en la relación feroz del sujeto con su imagen especular, el sentido está referido a la ferocidad materna y al falo imaginario. En el Lacan estructuralista hay predominio de lo simbólico. Las nociones de sujeto y de cura son diferentes. La concepción de sujeto surge de la estructura significante, es presentado como vacío, como el intervalo entre los significantes: se define como un significante que falta, se manifiesta a partir de la discontinuidad de la cadena significante. Ya no hay un sujeto que se dirige a otro sujeto, se trata de un significante que se dirige a otro significante. No llegamos al sujeto solo a los significantes, el sujeto esta alienado en la cadena significante y es efecto de ella. El sentido se refiere al significante, limitando la ferocidad especular y materna.
En la segunda concepción, el síntoma es pensado como condensación de goce. Este es un concepto anticipado en distintos momentos de la obra de Lacan por ejemplo en el Seminario 10, cuando plantea la oposición entre síntoma y acting out, señala que el síntoma a diferencia del acting, no llama a la interpretación por sí mismo, es necesario que se sumerja en la trasferencia para volverse susceptible de interpretación, es decir que considera que el síntoma como formación del inconsciente es una elaboración secundaria y contingente. Hay un núcleo primario del síntoma cuya satisfacción opera fuera de la articulación significante y de la significación, es decir, ajeno al saber inconsciente, un significante que no produce significado, sino goce. Suprime la referencia al Otro, los significantes no hacen cadena, hay una sucesión de S1 sin que ninguno de ellos funcione como S2 para el anterior; no está el efecto de significación de la palabra.
Para Freud, el conflicto es esencial al punto que define al síntoma como formación de compromiso entre fuerzas opuestas. Miller piensa que para Lacan se trata, en las últimas etapas de su enseñanza, de aprender a pensar el síntoma sin conflicto a pesar del sufrimiento y de privilegiar lo real de la satisfacción. La clínica de los nudos es una clínica sin conflicto, es una clínica del anudamiento y no de la oposición, una clínica de los arreglos que permiten la satisfacción y que conducen al goce. Hay dificultad pero no hay conflicto. No se trata en esta clínica de resolver el conflicto como en Freud sino de obtener un nuevo arreglo de funcionamiento más o menos costoso para el sujeto.
En el Seminario “Formas y usos del síntoma”, Miller piensa la articulación sentido-goce tema de este trabajo, a partir de las operaciones de Lacan, lo que implica un recorrido estructural de su obra. Las 5 operaciones a las que alude son: separar, articular, deducir, producir, anudar.
Separar: en “Función y campo de la palabra y el lenguaje”, Lacan enfatiza el sentido en la práctica psicoanalítica, el sentido en el inconsciente, el sentido en el síntoma. Esta primera elaboración desemboca en el esquema Landa en el cual se opone lo simbólico a lo imaginario.
El sentido se ubica en el eje simbólico; (S-A) el sentido necesita el símbolo, el significante y el Otro como interlocutor o como lugar de la estructura del lenguaje. Al eje simbólico se opone la pareja imaginaria (a-a`) que viene del estadio del espejo. Lacan considera que la libido freudiana circula en el eje imaginario en tanto que es fundamentalmente narcisista. Separa sentido y goce con la orientación de ir de lo imaginario a lo simbólico.
El síntoma se ubica en lo simbólico, aparece como un sentido reprimido, como un enigma. Se manifiesta soportado por un significante cuyo significado esta reprimido.
Articular: retoma el eje simbólico de una manera más compleja, con la inclusión del efecto de retroacción. En el grafo presenta en una misma forma conceptual el circuito de la palabra y el circuito de la libido. El síntoma se ubica como efecto de significado del Otro, como un efecto especial del significado del Otro, ya que, el fantasma incide en la formación de síntoma. El circuito pulsional está articulado al circuito semántico.
Deducir: el esquema de alienación y separación de Lacan presente en el Seminario 11, es la nueva forma del eje simbólico. El goce se deduce a partir del sentido, el goce (a) complementa necesariamente el efecto de sentido. Primero hay un significante y sentido (alienación) y en un segundo tiempo hay más de goce (separación).
Producir: En el seminario 17, Lacan trabaja los 4 discursos. A partir del aparato del sentido (discurso amo) la producción de más de goce. El objeto a se define como plus de goce.
Anudar: se trata de equiparar, identificar sentido y goce. Sentido gozado. En lo que hace a las operaciones: articular, deducir y producir, el esfuerzo de Lacan está fundado sobre la doble vertiente sentido – goce y sobre el camino que va del sentido a algo más del sentido. En la última operación anudar, introduce el sentido gozado porque pone en cuestión el objeto a, planteando que el objeto a es la parte elaborada, fantasmática del goce, por ende, el objeto a es un falso real.
En relación a las últimas elaboraciones sobre el síntoma, me voy a referir al concepto de síntoma como función. La noción de función está muy desarrollada en el Lacan – en el Seminario 11 trabaja los conceptos fundamentales como función - ; en sus últimos seminarios ubica el termino función en relación al síntoma. En RSI plantea una definición de síntoma en relación al inconsciente y a lo real como función. Miller introduce una diferencia entre el síntoma como formación del  inconsciente y el síntoma como función, relacionado a la envoltura formal del síntoma. Hay una envoltura formal del síntoma y no de los síntomas. Formaciones del inconsciente: sueños, chistes, lapsus, actos fallidos y los síntomas que tienen en común ser elaboraciones del inconsciente, formaciones a las que se les puede encontrar un sentido, se las puede entonces interpretar y son evanescentes o se pueden levantar. Se marca el plural de los síntomas para jugar con la idea de los síntomas como envoltura formal del síntoma, y para situar en qué sentido se puede ubicar a los síntomas como función del inconsciente.
El síntoma escapa a la noción de formaciones del inconsciente, no es evanescente, dura en el tiempo, es resistente a que se le otorgue sentido. El síntoma no es formación, sino función del inconsciente porque es una función que trasporta una formación del inconsciente a lo real. Esto es correlativo a la definición de la práctica analítica como un tratamiento de lo real por lo simbólico. Lacan propone que el sentido se obtiene del empalme de lo imaginario con el saber inconsciente. Son necesarias las  palabras pero también es necesario saber tomar prestado del cuerpo sus contenidos. Así lo imaginario y simbólico se reúnen para producir sentido y el saber inconsciente queda prestado como simbólico. En “De los síntomas al síntoma”, Mónica Torres trabaja la función del síntoma planteando que de las formaciones del inconsciente incluidos los síntomas, se puede llegar a un punto reducido, el síntoma, pero aún en ése que es denominador común de todas las formaciones todavía puede estar convocado el sentido, es síntoma como marca del acontecimiento traumático del encuentro de lo simbólico y lo real del goce. Hay que ubicar el pasaje de una marca que representa a todas las formaciones del inconsciente a una marca que es sólo captación de goce. En este sentido, el psicoanálisis es una “operación de reducción”, lo cual no implica sólo producto que surge al separarse el sentido del goce.
La reducción muestra la captación de goce por estar totalmente separado de los efectos de sentido. Sólo se ubica ese síntoma real a través de la función síntoma, haciendo emerger primero al sujeto del inconsciente lo cual implica pasar por el sentido. “En la práctica analítica es por el sentido que ustedes operan en tanto lo reducen, puesto que siempre operan ustedes por el equívoco. Estoy hablando a los que aquí son dignos del nombre analistas”. RSI. La función del síntoma es la que permite una operación que, entramada con el equívoco, lleva a lo real, trasporta un elemento que se escribe como idéntico a sí mismo, es decir, un elemento que juega como real porque se ha vaciado de sentido y por eso se escribe. Es a esto a lo que Lacan llama letra.
En esta época, Lacan ubica el equívoco en lo simbólico como base diferenciada del sentido, el equívoco no es el sentido, es fundamentalmente simbólico, es aquello en que se sostiene el inconsciente, el sentido es aquello por lo cual responde algo que es otra cosa que lo simbólico y que es lo imaginario (sentido entre lo imaginario y lo simbólico).
“Si hubiera una dimensión del inconsciente real, éste haría referencia a lo que está por fuera del sentido, por fuera de la interpretación y por fuera de lo analizable. La una equivocación, el tropiezo, el error son modos de nombrar a esta dimensión del inconsciente. Es también el lapsus sin su finalidad significante, sin su intencionalidad. Y es también lo que Lacan llama, en otra ocasión, el goce opaco, opaco justamente por excluir sentido”. Silvia Salman, en “Coloquio-Seminario sobre el Seminario 23”.

Bibliografía
“Conferencias de introducción al psicoanálisis”. 17 y 23. S. Freud.
“Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”. J. Lacan.
“Seminario RSI”. J. Lacan.
“Lo que hace insignia”. J.-A. Miller.
“Seminario de Barcelona”. J.-A. Miller.
“Coloquio-Seminario sobre el Seminario 23 de Lacan. El sinthome”. EOL.


¿DUELO, DEPRESIÓN, MELANCOLÍA?
Carmen Basualto[1]
“Freud y Lacan, cada uno a su manera, proponen que la depresión es otra cosa: abriendo un margen para la “interpretación” pudiendo así desplegarse la acción del Psicoanalista”.
“Ihre Klagen sind Anklagen”. Roberto Mazzuca

En el ingreso del ser viviente a la humanización, hay siempre una pérdida (a) lo cual implica el advenimiento de un sujeto barrado, marcado desde siempre y para siempre por  una falta.
La gran mayoría de los pacientes llegan al consultorio hablando de sus pérdidas, no es en vano que Marie-Helene Brousse en su texto “La Depresión como cobardía moral” afirme: “Casi me parece que la depresión es el nombre, o uno de los nombres actuales, del malestar de hoy en la cultura”.
Decía que los sujetos se presentan hablando de sus pérdidas, cada uno desde su singularidad: a través de sus quejas, sus acusaciones, sus autorreproches o simplemente mostrando su dolor.
Pérdidas estas de índoles distintas: de personas amadas por muerte o alejamiento, de posición económica, de ideales, de lo que se soñó ser y no se fue, de consistencia por vacilación imaginaria, perdidas de esto y aquello.
¿Duelo, depresión, melancolía?, puntos en los que los senderos se bifurcan o “modo de relación que cada sujeto, cada uno en su singularidad, mantiene con la verdad”.
Las respuestas no son simples y las preguntas se multiplican en el uno a uno de casa caso.
“El duelo es por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada, o de una abstracción que haga sus veces como la patria, la libertad, un ideal, etc. A raíz de idénticas influencias, en muchas personas se observa, en lugar de duelo, melancolía (y por eso sospechamos en ellas, una disposición enfermiza)”
En 1917, en “Duelo y Melancolía”, texto que impacta por su belleza literaria, Freud nos entrega una explicación de tipo económico que intenta esclarecer la naturaleza de la melancolía comparándola con un afecto normal: el duelo.
En lo que respecta a la relación del sujeto con el objeto perdido, punto clave de todo este trabajo, el autor concluye:
·                    En el duelo, el objeto perdido continúa en lo psíquico, mientras se realiza el deshacimiento de la libido.
·                    En la melancolía, el sujeto se identifica con el objeto y se produce el triunfo de este último; a la inversa en la manía, el yo triunfa sobre el objeto.
Freud ubica a la melancolía en serie con la esquizofrenia, ambas como afecciones narcisísticas.
Lacan rearticula los conceptos freudianos que definen al duelo en términos de relación de objeto, ya que, el objeto del duelo se encuentra en relación de identificación.
“El trabajo de duelo se presenta primero como una satisfacción dada en los elementos significantes para hacer frente al agujero creado en la existencia, por la puesta en juego total de todo el sistema significante alrededor del mínimo duelo”
En el Seminario VI “El deseo y su interpretación” (1958 – 1959)  Lacan se pregunta: ¿Qué puede ser esta identificación del duelo? Y ¿Cuál es la función del duelo?, las respuestas solo pueden encontrarse teniendo en cuenta las categorías lacanianas de lo simbólico, imaginario y real.
Una pérdida intolerable al ser humano provoca un agujero en lo real y es ese el lugar donde se proyecta ese significante faltante, ese significante esencial, como tal, en la estructura del Otro, ese significante que no puede articularse a nivel del Otro, dado lo cual vienen a proyectarse en su lugar todas las imágenes por las cuales aparecen los fenómenos del duelo.
“Tenemos aquí la distancia, la diferencia existente entre dos tipos de identificaciones imaginarias: 1- la identificación con él a: i(a), imagen especular: 2- otra identificación más misteriosa y cuyo enigma comienza entonces a ser desarrollado con otra cosa, el objeto, el objeto del deseo como tal…”
Las preguntas formuladas en el Seminario VI son retomadas en el Seminario X “La Angustia” (1962 – 1963). Lacan toma el punto del duelo y le da un viraje en función del sujeto como objeto causa del deseo del Otro.
En este texto, el autor habla de a como algo que ya no se tiene y que puede encontrarse por vía regresiva bajo forma de identificación.
En relación a la función del duelo, plantea que se está en duelo por personas para las cuales se cumplía, sin saberlo, la función de estar en el lugar de su falta. Lo que se da en el amor, es decir, lo que no se tiene, retorna y hay regresión y revelación de en qué cosa se ha faltado a la persona para representar su falta. “La función que teníamos, la de ser su falta, creemos poder traducirla ahora en que le hemos faltado, cuando justamente por eso éramos valiosos e indispensables para él”.
En el trabajo del duelo, el sujeto intenta restaurar el vínculo con el objeto fundamental, el objeto a, verdadero objeto de la relación.
Es en este punto, donde el autor divide aguas, planteando una diferencia básica entre el duelo por un lado y la melancolía y la manía por el otro.
Hace hincapié en la importancia de no confundir la función del objeto a con la función de i(a), punto clave del tema que me ocupa.
En el duelo, se trata del mantenimiento de los vínculos por donde el deseo está suspendido, es decir, no del objeto a en el nivel cuarto, sino de i(a) imagen especular.
En la melancolía y la manía, la relación es con el objeto a. En la melancolía, el sujeto se ubica en función de objeto a, en palabras de Freud: “La sombra del objeto cayó sobre el yo”; en la manía se pone en juego la no función de a, es decir, el sujeto ya no está castrado por ningún a.
Despedidas, pérdidas, abandonos, cercenamientos, duelos, palabras todas conocidas, cercanas, mías y tuyas, palabras de diccionario, palabras hechas carne, incrustadas en el cuerpo, dolorosas, necesarias, añejas y nuevas con lluvia y con sol, de día y de noche, ayer y hoy, compañeras, pequeñas y grandes, seguras e inciertas, ilusorias y reales, esperadas, rechazadas, siempre presentes.
Vida hecha de retazos, de partes de lo que fue y de lo que será,  de lo que fue y de lo que no fue, de lo soñado-ausente, de lo vivido-presente, alegrías y tristezas, miradas, caricias, nuevamente ausencias.
Vientos que arrasan, brisas que alejan, nostalgias, huellas borradas, deseo, sujeto, libra de carne.

Referencias bibliográficas
Freud, Sigmund: “Duelo y melancolía”. Obras completas
Lacan, Jaques: Seminario VI “El deseo y su interpretación”
                        Seminario X “La angustia”
Agüero Jorge y otros: “La depresión y el reverso de la psiquiatría”



¿DUELO, DEPRESIÓN, MELANCOLÍA?  (Segunda parte)
Carmen Basualto[2]
“De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables”
La ciencia y la verdad, J. Lacan
En el número anterior de nuestra revista presenté un artículo denominado: ¿Duelo, depresión, melancolía?” en el que me preguntaba sobre estos temas intentando seguir algunos textos de Freud y de Lacan. La continuación de ese trabajo es un esfuerzo por leer algunas expresiones de Lacan vertidas en “Televisión” en 1973 – texto crucial para su teoría del afecto – expresiones cargadas de significación que intentaré esclarecer con la ayuda de otros autores tales como: Jacques Alain Miller, Eric Laurent y Marie- Helene Brousse.
Lacan dice en “Televisión” (pág. 107):
“Se califica por ejemplo a la tristeza de depresión cuando se le da el alma por soporte, o la tensión psicológica del filósofo Pierre Janet. Pero no es un estado del alma, es simplemente una falla moral como se expresaba Dante, incluso Spinoza: un pecado, lo que quiere decir una cobardía moral, que no cae en última instancia más que del pensamiento, o sea, del deber del bien decir o de reconocerse en el inconsciente, en la estructura”. “No hay ética más que del bien decir”…
“Y lo que resulta por poco que esta cobardía, de ser desecho del inconsciente, vaya a la psicosis, es el retorno en lo real de lo que es rechazado del lenguaje-, es por la excitación maníaca que ese retorno se hace mortal”.
“Lo opuesto a la tristeza, el gay saber, el cual es una virtud. Una virtud no absuelve a nadie del pecado – original, como todos saben-. La virtud de manifestar en que consiste, que designo como gay saber, es su ejemplo: no se trata de comprender, de mordiscar en el sentido, sino de rasurarlo lo más que se pueda sin que haga liga para esa virtud, gozando del descifraje, lo que implica que el gay saber no produzca al final más que la caída, el retorno al pecado” “… saber más que del no-sentido”
En párrafos anteriores a los mencionados Lacan realiza algunas precisiones a destacar: se pregunta de dónde descarga el afecto y se responde que lo hace desde el pensamiento, refiriéndose inmediatamente después a su idea de que el inconsciente está estructurado como lenguaje. Hace también mención al texto de Freud “La represión” (1915) en relación a que el afecto se encuentra desplazado y la representación se mantiene reprimida; para Lacan, dicha representación reprimida corresponde a la estructura íntimamente ligada a la teoría del significante.
Es en relación a este contexto y a algunos conceptos filosóficos  tales como los de Santo Tomás, Spinoza y Nietzsche que estos fragmentos empiezan a encontrar su derrotero.
Para Santo Tomás la resección de las pasiones del alma (afectos) vale en tanto tiene como consecuencia deleite del sujeto mismo en aras de saber lo que es el bien y orientarse en su obtención reseccionado. La delectación de la tristeza propia o no, no confiere pecado. “Los bienaventurados en el reino celestial verán las penas de los condenados para que su bienaventuranza los satisfaga más” (“Suma teleológica. Tratado de las pasiones”).
En el “Tratado de la penitencia”, la tristeza y la alegría pueden ser contrarias, bajo el mismo aspecto, es decir, no puede haber al mismo tiempo una y otra, precisamente por esto puede haber pasaje de una a otra.
En la postura de Santo Tomás se destacan resección y saber, es claramente manifiesto que no hay oposición entre tristeza y alegría sino que hay un saber que se desecha para obtener otro saber, el de la delectación en la tristeza que establecerá una guía para la obtención del bien.
Según Spinoza, es esencial que lo verdadero se sostenga en la forma indiscutible de la idea verdadera, vale decir que esta subsista independientemente del objeto que representa.
“Por idea adecuada entiendo una idea que, en tanto se la considera en sí, sin relación con un objeto, tiene todas las propiedades o presenta todos los signos de una idea verdadera” (“La ética”)
La idea que da lugar a una “idea de la idea” o a una “forma de la idea”, es decir, a un saber que excede su mero contenido representativo es siempre verdadera. La  idea falsa no engendra “forma de la idea”, lo falso ya no tiene ninguna pertinencia ontológica. La duda, lejos de permitir fundarla mejor, desvía de la certeza.
El espíritu humano tiene un conocimiento adecuado de la esencia eterna e infinita de Dios.
En el registro del sentimiento, la alegría e incluso la beatitud son las únicas que se adecuan a ese ejercicio adecuado del conocimiento, mientras que la tristeza, -por lo que Lacan rendirá homenaje a Spinoza -  corresponde a su defecto. Y si esa tristeza es como la huella real, encarnada, de lo que subsiste de una pasión por lo falso, pese a la neutralización intelectual de lo inadecuado.
El concepto de gay saber remite a Nietzsche. La temática transita por los ideales de la civilización occidental: religión, moral, arte y metafísica a los que ironiza. Son estos ideales los que agobian al sujeto. El alegre saber “gay saber” con que los encara le sirven para transitar por lo saberes constituidos produciendo un desasimiento con respecto a ellos.
La oposición tristeza – gay saber, conlleva a ubicar del lado de la tristeza, el peso del sentido con el que el sujeto se anonada en el no querer saber, mientras que en el gay saber, con la reducción del sentido, en su descifrado, se mantiene un bien decir, forzado por la interpretación.
En “Televisión”, Lacan afirma que lo que sostiene una cura es el deseo, incluso el deseo “decidido”. En “No hay clínica sin ética” (Matemas I), Miller afirma que es necesario ampliar la dimensión de la ética y agrega, hay ética donde hay elección. “Y allí donde eso era, querer venir ahí, advenir ahí, incluso renacer ahí, ponerlo en claro es una elección”. Desde este punto de vista, toda la clínica psicoanalítica es reabsorbible en la ética.
En ese mismo texto, Miller hace referencia al Mito de Er planteado por Platón en “La República”. Las almas son puestas después de la muerte, frente a la elección de renacer en la ética bajo la forma que ellas quieran. El psicoanálisis nos lleva al punto en que las estructuras clínicas parecen ser el fruto de una elección, que no es aquella que hace el alma de su nuevo destino, sino aquella de su deseo y su goce.
Para el autor, este es el punto que toca Lacan en “Televisión” cuando hace de la depresión una cobardía moral.
¿”Si no tuviera elección, por que autorizar al sujeto a volver a poner en juego, en la experiencia analítica su posición? Para mí el analista no recibe casos clínicos; somos nosotros los que los transformamos, por nuestra elaboración de saber, en casos clínicos; si el psicoanalista recibe casos, no son más que casos éticos”.
Marie-Helene Brousse en “La depresión como cobardía moral” plantea que el fragmento de “Televisión” que estamos trabajando introduce una ruptura epistemológica, ya que, acerca de dos  campos totalmente heterogéneos – salud mental y moralidad, campo de la ciencia y campo de la ética- . Lacan produce un efecto de sorpresa que señala un corte, el corte introduce al sujeto allí donde había desaparecido a favor de su reemplazo por el enfermo. Esta posición es a la vez antigua y radicalmente nueva. Antigua por la tendencia a interpretar la enfermedad a partir de la culpa, en otros siglos se interpretaba a la enfermedad como prueba de lo malo que se era, es decir, en relación con la noción de pecado o de culpa. Nuevo porque en psicoanálisis la cobardía no tiene que dar lugar a una nueva moralización, se trata de escuchar el dolor de existir que se expresa en estos pacientes. “Cobardía moral – dolor de existir. Depresión y dolor de existir en lugar de depresión y pecado”.
La autora propone pensar la cobardía moral en relación con el dolor de existir en el campo ético y no con una moralización que el psicoanálisis no podría pronunciar.
La cobardía es equivalente al dolor, en “Televisión” apunta la depresión hacia el campo del afecto. Lo que Lacan hace es despertar de manera totalmente nueva el campo de la ética.
Axiomas en los cuales se basa la autora:
·                    El psicoanálisis es el campo delimitado por el sujeto como dividido por el objeto.
·                    El deseo define el campo de la ética. No hay otra moral en el psicoanálisis que la del deseo, lo cual es determinado por el fantasma.
·                    El dolor tiene el mismo funcionamiento que el placer: su ciclo es más largo porque empieza donde el placer termina. Pero tiene también su límite: es el desvanecimiento del sujeto.
Eric Laurent en “Melancolía, dolor de existir y cobardía moral” afirma que en la enseñanza de Lacan hay una teoría de la melancolía desde 1938 – en “Complejos familiares” – que evoluciona después conjuntamente con la evolución global de su enseñanza.
Plantea que algunos se quejan del laconismo de Lacan sobre los trastornos del humor y afirma que este laconismo era también el de Freud.
En relación al fragmento de “Televisión”, plantea que se entiende a la manía como retorno en lo real de lo que es rechazado del lenguaje. Ya no se define en función del narcisismo, sino en función del rechazo del inconsciente por el ser vivo. No es un significante lo que reaparece en lo real, sino lo que es rechazado del lenguaje, o sea, el plus de vida que lo simbólico marca con una mortificación. Si se distingue lalengua y lenguaje, la manía es desencadenamiento de lalengua, sin acción ya del lenguaje que es el inconsciente. Esto reformula lo que en 1938 Lacan denominaba insuficiencia específica de la vitalidad humana.
Lacan no aborda la melancolía a través del afecto de tristeza, sino más bien en su relación con el acto suicida.
“Por un lado acto suicida, por el otro, rechazo del inconsciente. ¿Cómo ligarlos? Precisamente a partir de un binario de la enseñanza de Lacan que Miller desarrolló: acto e inconsciente. El acto se sitúa siempre en un horizonte de rechazo del inconsciente. De este modo, manía y melancolía se nos presentan como dos figuras de lo mismo; el pasaje al acto melancólico se junta con la dispersión maníaca del sujeto en lalengua”
“Es como una decisión de goce, o sea, como una decisión por el goce, como se juega la suerte del sujeto melancólico o maníaco, ligada al destino de su causa”
La conclusión de Laurent es que a partir de “Televisión”, nos es preciso distinguir entre la clínica de la cobardía moral y la del rechazo del inconsciente. En el primer caso se trata de un sujeto definido a partir de la estructura del lenguaje y su clave es el deseo. En el segundo, el rechazo del inconsciente  nos remite a otro registro, aquel en el que el goce mortífero se anuda al nacimiento del símbolo.
“La alegría o para hablar mi lenguaje, el gay saber, es una recompensa de un esfuerzo continuado, atrevido, tenaz, subterráneo, que a decir verdad no es para todo el mundo” (Lacan, Seminario 24)





[1]Publicado en  HUELLAS: Revista de Psicoanálisis de San Luis. Año II – Nº 1 (5), diciembre de 2003. Agradecemos a Celina Coen su colaboración para la publicación en el blog LACAN TONADA.
[2] Publicado en HUELLAS: Revista de Psicoanálisis de San Luis. Año IV – Nº 6, abril del 2005. Agradecemos a Celina Coen su colaboración para la publicación en el blog LACAN TONADA.